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Las telenovelas son espacios donde un gran número de gente converge para entretenerse, para distraerse de lo cotidiano, para presenciar emocionantes aventuras de personajes de ficción, pueden ser vistas para simplemente pasar el rato aunque, en ocasiones, su público las sigue para entender la vida, su propia vida. En ocasiones se dice que la telenovela cuenta la misma historia pero de diferentes maneras y en la manera de entramar la telenovela es que está su éxito, su capacidad de atraer público. Muchas de ellas son escritas por hombres y mujeres de poco oficio que calcan las viejas historias o se inventan cualquier cúmulo de anécdotas con el fin de hilarlas para sumar capítulos y justificar su permanencia en un equipo de producción determinado. Sin embargo, hay telenovelas salidas de mentes geniales, como las de Fernando Gaitán.
En estos momentos me asombro de la capacidad de este escritor de tejer una gran historia pues al ver una de las versiones de “Betty, la fea”, puedo reflexionar sobre cómo esta telenovela puede analizarse desde una dialéctica de luces y sombras. Los personajes son piezas de un ajedrez que se mueven entre estas dos categorías fundamentales y dan forma concreta a la lucha entre Luz vs. Oscuridad, las cuales entablan un duelo a muerte a lo largo de esta historia desarrollada por el libretista colombiano.

Una mujer-luz se enamora de un hombre-oscuridad y va relatando para sí misma todo lo que su inocencia, su alma noble y su bondad le dejan interpretar de ese hombre que tiene frente a sí. Escribe un diario donde va dejando pedazos de su alma limpia y de sus experiencias con él y dentro de la empresa donde trabaja. Su labor es como la de Ariana, la eterna tejedora, mínima pero constante, labor que va dando consistencia de palabras a cada experiencia de su vida.
El hombre-oscuridad también se hace una imagen propia de todo lo que le acontece y, por supuesto, de esa mujer luminosa que un día irrumpió en su vida y a la que decidió enamorar para salvar su empresa. La enamoró para garantizar su lealtad y su incondicional ayuda en cuestiones financieras.
Este hombre no escribe, él pronuncia y discurre los acontecimientos junto con una entidad en apariencia de espejo: su mejor amigo. Sus sombras se diluyen tan pronto como él cree que puede olvidar sus acciones y las posibles consecuencias que éstas lleguen a tener. Aunque su supuesto espejo si escribe: primero hace tarjetitas con frases de cajón para regalarle a la mujer que han decidido enamorar falsamente y después, redacta una cuartilla donde exhibe los hilos de la farsa.
Tenemos entonces, dos escritos muy distintos: el primero luminoso y amoroso, el segundo oscuro y ruin. Ambos van por la telenovela abriendo su contenido a diferentes lectores quienes los van interpretando a su manera, les van dando usos diferentes y les van otorgando pesos mayores o menores en las decisiones que tomarían después de leerlos.
Sin embargo, cuando los protagonistas de la historia leen, cada uno en su momento, el texto hecho por su contraparte, las consecuencias de estas lecturas son radicales, la telenovela se cimbra completa y se replantea para deleite del espectador que se convierte en eso, en un ser expectante. Cabe aclarar que ambos textos están, en teoría, vedados a los ojos de quien los leerá. Ella abre un paquete para él y encuentra la cuartilla donde se describe la trampa en la que cayó. Él busca en la oficina de ella una cosa y encuentra el diario donde se relata el mismo engaño pero desde la óptica de la mujer víctima de éste.

Ladies first.
Aquella mujer maravillosa y honesta abre un sobre y encuentra una cuartilla atroz. El contenido de esa carta representa para ella una puñalada en el corazón. Aquellas líneas son tan feroces que se rehusa a creerlas, todo es tan burdo que ella no puede sino desear se trate de una broma. Lamentablemente, aquello fue escrito muy seriamente y exhibe cómo ella ha sido parte de un juego perverso planeado por su jefe y por el mejor amigo de éste. Pero hay algo más, así como no estaba pensado que ella descubriera la trampa, tampoco está considerado que ella es un ser humano con sentimientos y deseos. En esa carta ella no es nada, nadie, simplemente no existe. Es la pieza clave pero sólo es en la medida en que resulta útil, en cuanto deje de serlo, será desechada.
Ella lo había entregado todo, profesional y emocionalmente. Se había entregado a la empresa y a su jefe sin reservas. Decidió confiar en él y se consideraba la persona más importante de su vida. Sin embargo, en unos cuantos minutos cambió radicalmente toda su percepción de las cosas y, a raíz de ello, aunque lo que más desea es huir de aquello, decide sobreponerse y comenzar a jugar su propio juego dentro de aquel que fue planeado para ella. Y así como ella fue burlada, comenzará a engañar a sus verdugos.
Esta decisión tendrá consecuencias definitivas en el rumbo de la trama. Esa mujer-luz se siente tan humillada e indignada que cede ante su propio dolor y comienza a planear venganza. Inicia un camino por rumbos de sombras, oscura ruta que pronto la arrastra hacia un abismo, llevándose con ella a su jefe y a la compañía entera. Al ser ella la pieza clave del juego, sus movimientos cargados de desesperación afectan todo. Lo personal y lo laboral están entretejidos muy complicadamente y de su equilibro depende el inestable balance de la empresa. El resultado: la locura de los directamente implicados y como consecuencia de ésta, la debacle de empresarial.
Desde que ella mira cada acontecimiento con la clave proporcionada por la carta busca entrampar a sus verdugos, los hace sospechar y, aún más, temer ver sus peores pesadillas convertidas realidad. Día a día ella va enloqueciendo de dolor y de rabia por haber sido y seguir siendo utilizada para propósitos financieros con el argumento del amor. Al mismo tiempo, el jefe y su amigo también enloquecen de desesperación, confusión y temor.
Ese juego del falso amor comenzó por miedo, por el inmenso temor de fracasar y sufrir la humillación al admitir ese fracaso. El presidente de esa empresa es irresponsable, inmaduro y sin escrúpulos; una persona que traspasa los límites con la esperanza de poder burlar las consecuencias de sus transgresiones. Pero, en una telenovela nada queda impune, las sombras producto de sus acciones lo rebasan y, por ende, cae en su propia trampa. Se enamora de la única mujer a la que creyó inofensiva, se engañó pensando que era imposible encontrar algo hermoso en ella y, ¡oh, sorpresa! se topó que el amor existía y que tenía el nombre de esa maravillosa mujer.
Al conocer el amor, él se involucra a tal punto que, cuando ella comienza a moverse por su cuenta y a desbalancear el delicado equilibro de la trampa, él termina por olvidarse de la empresa para concentrarse en lo que le pueda pasar si ella deja de amarlo. Inclusive, llega a creer que fue así, que ella lo cambió por otro y que no tiene nada qué hacer. Se rinde y, completamente avasallado, ruega la salvación del fracaso profesional en memoria de lo que alguna vez existió entre él y ella. Siquiera eso. Siquiera salvar la empresa aunque ésta haya dejado de importarle en lo más mínimo.
Cabe hacer notar que todo esto es una tortura íntima. Ella llora y se siente morir en soledad: encerrada en su oficina, tras la puerta de su recámara o en los pasillos, donde nadie pueda verla. Su jefe y el amigo de éste se concentran en debates para desahogar el desasosiego, discuten en el interior de las oficinas, donde sólo ellos puedan escucharse, escondiéndose del mundo exterior. Sin embargo, las consecuencias de los desacuerdos entre los tres involucrados sí afectan al resto de la gente de la empresa. Conforme ellos van llegando al límite de su resistencia se acerca una junta directiva crucial en la cual se desvela el fracaso de la gestión del presidente de la empresa y las maniobras que él mismo llevó a cabo para ocultar el verdadero estado de cosas. Además de que el romance entre el jefe y su asistente sale a la luz para hacer más cruda la realidad a la que el resto de accionistas debe acostumbrarse.
¿Quién hace las revelaciones? Ella. Sabe que se hundirá luego de hacer saber a los socios de la empresa el estado real de las cosas y su participación en el enorme engaño a todos ellos pero sabe también que no caerá sola. Derribará por sorpresa a sus verdugos pues no son dignos de ninguna consideración, después de eso, ella podrá irse, cosa que hace; mientras que ellos, por el contrario, tendrán que quedarse a afrontar las consecuencias de sus malos manejos y la ira de los defraudados miembros del comité. Entonces comenzará el verdadero infierno para los dos.

A continuación, los caballeros.
Pasa el tiempo y nuestra pareja sigue enamorada pero a distancia. Las circunstancias han dado una vuelta radical pues ella debió regresar a la empresa pero ahora es quien lleva las riendas y él es un empleado más. Están a pocos metros uno del otro, se ven diario, trabajan para saldar las deudas en las que él metió a la empresa… pero es imposible que hablen de sus sentimientos, que vuelvan a acercarse aunque sea un poco. Aunque él ha intentado aproximarse y abrir su corazón, la barrera de la desconfianza levantada entre ambos es muy grande. Ella está firme en no ceder, no cree en él y por ello intenta olvidarlo.
Él está seguro de su amor por ella, al sentirla perdida casi muere (literalmente) y su esperanza no ha desaparecido del todo porque piensa que convencerla de su amor es cuestión de tiempo y de paciencia. Él sabe que ya no es el mismo inconsciente, mujeriego e irresponsable que jugó con su asistente, tiene muy claro cómo es el amor de verdad y el compromiso personal que lleva consigo y está seguro de que ella podrá constatar esos cambios, cree que sólo es cuestión de tiempo. Ha aprendido el valor de la constancia y cree que ella no tiene a ningún prospecto en el horizonte por lo cual, sólo debe esperar… hasta que aparece un hombre extranjero y sin compromisos, quien, desde luego, se siente atraído por nuestra mujer-luz.
Entonces, renace la desesperación que conoció cuando recién ella lo dejó luego de delatarlo. Con la aparición de ese hombre se reaviva el miedo de perderla para siempre. La desesperación y el temor no son buenos consejeros pero son los resortes que llevan a nuestro hombre-oscuridad a dejar la espera pasiva y le mueven a actuar. Trata de recordar cada rumor, cada aviso, cada frase donde ya se hablaba de ese “otro” y de la importancia que pudo y aún puede cobrar en la vida de esa mujer, la única mujer por la que él está dispuesto a lo que sea… con tal de recuperarla.
Entra a la oficina de ella, violando la regla principal de la nueva relación jefa-empleado: la distancia. Ella, cuando volvió a la empresa fue muy clara, él podía quedarse con la condición de no acercársele bajo ninguna circunstancia. Y él tuvo que aceptar pues era eso o nada. Ahora bien, el nervioso y desesperado galán de telenovela entra a la oficina de ella y hurga entre sus cosas hasta que encuentra algo que le resulta interesante: su diario. Y lo saca de ahí sin que ella se percate.
Comienza a leer ese cuaderno tan ajeno y que a la vez le atañe tanto y hay una frase que, considero, puede resumir la experiencia que vivirá: ‘”No se si estoy a las puertas del cielo o del infierno…” Si este hombre creía haber conocido el límite del sufrimiento está muy equivocado pues lo que le espera es justamente el infierno al percatarse del tamaño del cielo que tuvo al alcance de su mano y que él y su amigo destruyeron impune y cruelmente.
Mientras tanto, la ahora presidenta de la empresa y su amigo extranjero viven un reencuentro feliz durante el cual, él le propone trabajo y la posibilidad de una nueva relación de pareja lejos, muy lejos de la empresa donde ahora trabaja, de sus problemas y de su gente. Van a casa de ella a hacer las presentaciones con la familia y luego salen por ahí a pasar una velada feliz. Ante ella está la puerta de una vida nueva, llena de luz, por fin, un horizonte luminoso se abre ante sus ojos.
En el encierro de una oficina, ese diario le descubre palabra por palabra al aprendiz de “Príncipe Azul” que él era todo para aquella mujer. Mientras que ella casi ni existía para él, él era la vida para ella. Aquella mujer sólo tenía amor, optimismo, ternura y deseo por él. Puede verse a sí mismo convertido en un ídolo hecho de honestidad, valentía y capacidad de entrega. Ídolo que sólo existía por el éxito del engaño, porque él resultó el burlador perfecto.
El espejo que le ofrece cada página es desgarrador, lenta, muy lentamente este hombre puede ver las enormes consecuencias que tuvo para ella el haber descubierto la trampa. Él sabía que la había lastimado, pero jamás imaginó el grado de destrucción provocado en esa alma noble y limpia al saber lo profundo de su engaño. Y ahora, enamorado, sufre indeciblemente por leer la crónica de la destrucción de la única mujer a la que había logrado amar. Después de eso, él piensa que morir sería lo mejor pues no le alcanzaría la vida para resarcir el daño hecho, simplemente, el peso de la culpa y el dolor son muy grandes. Además de que no ve esperanzas para él, el daño es tan profundo que parece imposible reconstruir algo entre ellos dos.
Aunque a cada momento cree que no soportará seguir leyendo, continúa hasta que sufre una interrupción. Su amigo, aquel con quien urdió la trampa osa tomar el diario. Pero no sólo eso, se burla de lo poco que alcanza a leer. Para el “Príncipe Azul” esto resulta la gota que derrama el vaso, ya no eran los mismos inseparables compadres del principio pero, a pesar de sus desacuerdos, se llevaban relativamente bien. Sin embargo, ver la sorna con la que este hombre repasa las palabras de su amada hacen que el protagonista de esta historia se vuelque sobre él comenzando por golpearlo. Se hacen de recriminaciones mutuas las cuales sólo muestran el gran abismo que hay ahora entre los dos pues la postura de ambos ante lo sucedido es radicalmente opuesta. A nuestro hombre-oscuridad lo sucedido la ha cambiado la vida, a su “amigo” no le ha conmovido absolutamente para nada. El resultado, la ruptura definitiva entre ellos y el abandono de la empresa de ese “amigo incondicional” del “Príncipe” de la telenovela.
Luego de eso sigue la lectura y es elmismo diario, en sus frases finales le ofrece a su lector una luz, le devuelve un poco de vida. Él lee que ella aún lo ama, que no está muerto todo por lo cual, decide enfrentarla, hablarle de su amor, hacer lo imposible para convencerla de que ellos dos son el uno para el otro. Pero debe atravesar una barrera de plomo, las secretarias de la empresa.
Nunca como entonces uno puede ser testigo de que una compañía de grandes dimensiones no se mueve por los altos ejecutivos que la presiden sino por las secretarias de éstos. Son ellas las que en realidad deciden lo que puede suceder o no en esas oficinas. Este hombre-desesperación pide, grita, insiste, encara y suplica a las secretarias por llegar a aquella mujer, por una llamada tan solo. Nada. Le es imposible acceder pues las secretarias, amigas de su amada, han jurado no comunicarla ni decirle a él dónde está.
Pierde toda esperanza de ayuda y decide ir a casa de ella a esperarla hasta lograr verla. Sin embargo, con sus ruegos inútiles y sus ires y venires infructuosos en apariencia, logró conmover a una de las secretarias, la mayor, quien se da cuenta de que ese hombre no pregunta por la presidenta de la empresa sino por la mujer y que su angustia no es por el trabajo sino por el corazón. Entonces, en privado, le dice a este hombre que encontrará a su amada en su casa y que vaya a su encuentro, que luche por ella.
Él está dispuesto a todo. Su carrera ahora es contra-reloj. Llega por fin a casa de la mujer luminosa y no la encuentra pero convence a su madre de decirle dónde está. Se jugará la última carta: enfrentarla y decirle todo lo que siente de una sola vez; así sea frente a su nuevo amigo como de hecho sucede y así sea confesándole haber leído el diario, lo cual representa el acabose pues después de eso ella solo le dice: “no quiero volver a saber nada más de usted.”
Frente a la audiencia que abarrotaba un bar y luego de haber abierto el corazón y la vida ante ella, queda completamente solo sin esperanza ni consuelo posibles. No hay otra oportunidad, todo se terminó entre ellos y por ende, la vida deja de tener mucho sentido para él.
La empresa misma ya no le importa tampoco. Tiene una excelente presidenta y saldrá adelante sin él, por lo cual, decide irse. Al día siguiente, ella aparece anunciando su renuncia pues luego del encuentro en ese bar, está demasiado afectada y no quiere ni estar remotamente cerca de aquel hombre. Aunque no se irá, él se adelanta y le dice que se renuncia a todo, a la empresa y su amor. Se acabó la lucha y para él es tiempo de resignarse y de tratar de olvidar.
Es el adiós, su adiós.

Aunque ya tenía demasiada evidencia de que ese hombre la amaba de verdad y de que ha cambiado mucho con relación al que era cuando ella lo conoció, nuestra mujer-luz prefiere dejarlo ir. Piensa que es lo mejor para los dos, que ese amor mutuo nació de un error y merece dejarse morir, por ello, no hace nada por detenerlo… hasta que la mujer con quien él estuvo comprometida habla con ella.
Es una plática muy dolorosa para ambas pero siempre basada en la honestidad mutua. La antigua prometida del “Príncipe azul” le hace ver a la protagonista de la telenovela que el amor de él fue, es y será verdadero. Hasta que escucha de los labios de su rival que él había quedado atrapado en su propio juego y había descubierto el amor en ella, encuentra lo que requería para recuperar la confianza. Era lo que esta mujer-luz había deseado desde que descubrió aquella carta y es lo que la hace estar dispuesta a re-encontrarse con él y tratar de desbaratar la enorme distancia que se levantaba entre los dos. Sale a su encuentro y con una palabra detiene su partida, le devuelve la vida y se la devuelve a sí misma, todo puede renacer ahora. Ellos está juntos, esta vez, para siempre.

Y son dos textos los que separan y unen, son los textos de cada uno de los amantes leído por su contraparte los que vuelcan la telenovela y traen primero, sufrimiento y separación; después reencuentro, confianza y felicidad.

¿Apoco no es genial Fernando Gaitán?

He mirado y re-mirado los primeros cuarenta  y cinco episodios de la telenovela llamada Corazón Salvaje actualmente producida por Televisa; y sólo encuentro que toda la emotividad con la cual tengo grabado ese nombre en mi memoria no puede recrearse ante esta historia televisada. Ni los paneos de cámara, ni ese enorme esfuerzo de envolver a los personajes principales entre efectos espectaculares, ni las amplísimas tomas aéreas, ni los encajes con los cuales adornan los vestidos de las actrices, ni el ritmo escénico o los desplazamientos de los actores en escena han logrado “atraparme”.
¿Es que una historia con nombre Corazón Salvaje debe tener ese efecto en nosotros, los espectadores? Creo que sí. Luego de haber escuchado parte de la radionovela de hace tantos años, de haber visto una película y dos de sus versiones televisivas, eso era algo que, por mi parte, esperaba.
Al escuchar enmedio de la noche las palabras con las cuales Juan del Diablo y aquel volcán podían ser equiparados, al imaginar cuántas similitudes con la naturaleza tiene un hombre y cuán dentro se puede llevar el latir de la Tierra con tal sólo seguir casi sin respiro el sonido proveniente de mi aparato de radio; pude abstraerme de mi realidad y transportarme a otra muy distinta. Traté presenciar en primera fila cómo pudo haberse visto y sentido un Juan del Diablo en erupción, o aquella Mónica al mirar el mundo con ojos nuevos, recién nacidos a la luz de aquel amor inimaginado; o cómo pudo haber vivido una a una las realidades a las cuales Renato era ajeno y a las que hubo de despertar casi a la fuerza; y ensayar cómo podía sentir esa Aimée derrochadora y capaz de tanto sin escrúpulo alguno…
Y hay más. Me recuerdo en vilo cuando Mónica, interpretada por Angélica María, casi moría al creer muerto a Juan. el único y verdadero amor posible para ella… También tengo muy presente toda la versión de 1993 donde en cada capítulo podíamos desplegar un cúmulo de emociones, de sentires, de tensiones logradas por un libreto tejido magistralmente y con plena conciencia de estar dibujando otra época, tal vez muy  lejana, con resortes muy distintos a los de hoy día pero que, si resultaban bien manejados, podían mantenernos noche a noche al pendiente de cada acción y hasta de cada silencio de Juan, de los dilemas de Mónica, de las insensateces de Aimée, del poco carácter de Andrés y hasta de la implacable Sofía, la necia Catalina y todos y cada uno de los actos de Don Noel Mancera.

Apenas describo una pequeña parte de todo cuanto me ha parecido memorable en Corazón Salvaje. Gracias a esta historia busqué todo cuanto pude de Caridad Bravo Adams, su autora, traté de conocer otras de sus historias y me admiré de ese talento con el cual ella era capaz de dibujar y profundizar tanto en sus personajes como en las tramas en las cuales los hacía desenvolverse… Cuando vi los promocionales de la versión actual de esta historia no alcancé a ver mucho de lo que aquel nombre me evocaba, sin embargo, traté de mirarla sin prejuicios y, luego de casi cincuenta episodios, puedo decir que no logro emocionarme como esperaba hacerlo.
Hay muchas razones por las cuales no puedo identificarme del todo con esta versión. Por una parte, la trama tal y cual está planteada contiene muchas contradicciones de fondo en los personajes, contradicciones insalvables y las cuales les quitan fuerza tanto a ellos como a la historia. Como lo recuerdo, Juan del Diablo era un “Don Nadie” quien no mendigaba ni buscaba que los ricos y poderosos le reconocieran nada. Para él, los encumbrados no eran sino una casta podrida envuelta en trapos hermosos, no había sino que relacionarse un poco con ellos para contagiarse de sus miserias. Y él era todo lo contrario a esos miserables, se enorgullecía de no pertenecer a ellos y no pretendía ser parte de sus círculos, ni lucir un apellido por más que “le tocara”. Desde el 12 de octubre de 2009 estamos frente a un Juan quien fue despojado de todo y está buscando una venganza la cual incluye el que le sea dado aquel nombre negado para él. Busca el ser reconocido y respetado entre los personajes más importantes de su lugar de origen cuando ellos mismos no son respetables o son tan malvados que no merecen ni la vida de la cual gozan. ¿Es un apellido la paga por el sufrimiento derivado del destierro a ultranza? ¿Es el reconocimiento social y el respeto por parte de quienes se dicen respetables capaz de curar las heridas del desprecio y del abandono? ¿Es sólo hasta que “todos” aceptan que fueron injustos contigo que puedes declarar las deudas saldadas? ¿O quedarte con sus fortunas puede proporcionarte la felicidad?

En cuanto a la protagonista puedo decir que cuesta mucho trabajo recrear aquella rivalidad entre las dos hermanas pues cada una de ellas planteaba una postura completamente distinta ante la vida, antagónica, podría decirse. Sin embargo, es difícil mirar esos contrastes cuando quien interpreta no lleva al extremo el distanciamiento entre los dos personajes. Mónica y Aimée son mucho más que dos mujeres con cabelleras y ropas de color distinto, ambas tienen un corazón y un alma completamente diferentes; pueden sentir lo mismo pero la forma de expresarlo es completamente opuesta. Palabras como amor, deseo, deber, sentimiento, amante, juramento, Dios, familia, entrega entre otras; tienen significados completamente distintos en cada una de ellas y eso no puedo verlo en pantalla. ¿Es que para las mujeres “el hábito sí hace a la monja”? ¿Mónica y Aimée son como gotas de agua y sólo son la ropa, ciertos ademanes y la forma de involucrarse con los hombres de la trama lo que hace la diferencia? ¿Es que las mujeres podemos identificar ciertos rasgos nuestros en alguna de las dos o son apenas caricaturas de las mujeres de “carne y hueso”?

Hasta aquí con algunas preguntas en cuanto a los trasfondos de la trama. Tal vez alguna amable lectora o lector puedan ayudarme a darles respuesta.

Por otra parte, también hay detalles de forma capaces de provocar una completa desconcentración. Recuerdo unos zapatos completamente fuera de época, un resorte mal colocado en la barbilla de la protagonista o una taza de porcelana en la cual se puede leer la marca de la fábrica en la cual se produce actualmente; toparse con eso hace a uno dejar de seguir la historia y pensar cómo una producción de “época” puede ser tan difícil de sostener. A cada momento “saltan” indicios de que estoy mirando una ficción y no me permiten quedar atrapada en ella, fascinarme con sus personajes, esperar con ansia el siguiente episodio. La principal virtud de las ficciones bien hechas es precísamente el hacernos olvidar que lo son, todo parece ser tan real que llegamos a creerlo posible…

Puede ser cuestión de gustos, puede ser que a mi no me satisfaga esta propuesta porque me gustaría algo más apegado a la historia original pero, soy libre de expresar mi punto de vista y por este medio lo externo, tal vez encuentre quien comparta algunos puntos; tal vez encuentre quien sea capaz de rebatir mis argumentos. Sea que existan respuestas o no, este espacio está abierto para el enriquecimiento y la retroalimentación; sirva Corazón Salvaje, aquella viva en todo quien pase por este texto, como punto de reunión de aquellos amantes de las ficciones, televisadas, escritas, pintadas o filmadas para cine.

Fernando Mendiola es un personaje caleidoscópico. Sus facetas son múltiples, puede ser visto desde muy diversos ángulos y aquí me aventuro a explorar uno de ellos, el cual inicio con una pregunta: ¿puede Fernando Mendiola ser visto como un Dr. Fausto contemporáneo?

Johannes Fausto es un personaje de leyenda, vivió, pero lo que se cuenta de él es lo que hoy por hoy sigue renovándose y permitiéndonos hacer este tipo de ensayos y refractarlo hacia un personaje como Fernando Mendiola.
Fausto -según cuentan los que cuentan, diría la ilustre Juanita- era un alquimista, un mago, un hombre que entendía la vida desde la visión del transformador de realidades. ¿Y Fernando? ¿No es acaso un hacedor de nuevas realidades? La publicidad puede ser tildada de vana, de irreal, de fantasiosa pero, ¿no constituye la posibilidad de mirar el mundo de otra forma?, ¿de recrearlo para darle nueva vida? Mejor aún cuando se trabaja en una casa productora, ahí las propuestas publicitarias toman forma de anuncios, se vuelven duración, se hacen factibles de ser expuestas a millones de miradas, las cuales podrán ver aquello y tal vez olvidarlo al segundo siguiente o podrán recordarlo el resto de sus vidas, pero ya estuvieron expuestos al “hechizo”, ya fueron tocadas por sus influjos.
Fernando no solo trabaja haciendo magia en forma de anuncios. Tal cual lleva su vida, se trata de un hombre de miles de ángulos, vasto, sumamente contradictorio pero avasallador. Fernando Mendiola es un experto en supervivencia y puede voltear cualquier marcador a su favor, tan es así que logra mantener la fachada de una empresa saludable cuando la realidad implicaba una quiebra estrepitosa. Sólo un mago que se respete puede hacer algo así. Claro, esto es mérito de la pluma original, de un Gaitán quien creó a Armando Mendoza para presidir su Ecomoda y antes había escrito a un Iván Vallejo quien arruinaba cuanto tocaba, pero era capaz de salir a flote y de aparentar buena salud cuando podrido estaba por dentro desde el inicio de su Café…

Tal vez la parte más emblemática de Fausto es su pacto con el diablo. Un pacto de sangre, un pacto que le daba poder ilimitado y vida nueva, además de poseer a Gretchen, en quien estaban condensados el deseo y el amor para el Doctor. De primera instancia se podría pensar, aquí no hay sangre de por medio y tampoco la aparición de ningún demonio pero: ¿quién es Mario Calderón para Armando Mendoza, el personaje del cual nació Fernando? ¿Qué tan cruel, tan inhumano, despiadado y calculador se debe ser para emparentar con el demonio? Una de las características de los pactos con las fuerzas del mal era ser ENEMIGO de todos los hombres. ¿No puede Mario poseer esta “cualidad’? Él no era amigo de nadie, veía por sí mismo y si ello implicaba involucrar a Armando en un delito, como lo fue la trampa a Betty, a él qué, tan es así que con una sonrisa enorme en los labios se despide de su “amigo” señalando a las mujeres: …son el infierno, y el infierno de ellas, es usted.” Para luego desaparecer exultante de dicha tras las dos hojas del elevador del piso directivo de Ecomoda, el cual tal vez lo descendería al averno del cual salió.

Omar Carvajal vendría a ser un diablillo bastante menor, desde mi percepción es como el famulus bajo la tutela de Johannes Fausto, en retaguardia siempre aunque agazapado desde ahí para tramar conjuros. Igual propone a Fernando un pacto no de sangre pero sí de falso amor. Un hechizo de engaño para una mujer en la cual Fernando sólo mira cualidades ¿no es Lety para él un ángel? ¿no representa la bondad extrema? Las imágenes con las cuales Fernando Mendiola describe a su amada son las de la mujer inocente, casta, recubiertas de su fealdad pero también de su abrigo, de su dulzura, de su lealtad a él. Si bien este pacto no involucra sangre, considerada la fuerza vital en tiempos del Fausto de carne y hueso; sí involucra el AMOR, el dador de vida más poderoso en el imaginario contemporáneo. El pacto involucra jugar a amar y terminado el juego Fernando debería regresar a su vida de antes. Sin embargo, él encuentra el amor de verdad en Lety y todo se transforma…
Un pacto delictuoso como el que Fernando fue capaz de ejecutar evoca pactos en los cuales el ser humano involucrado en ellos descendía a las profundidades, de cierta manera muere para volver a nacer. Fernando Mendiola, al ser descubierto, haberse enamorado y quedar expuesto ante los suyos cae en una espiral de terrible descenso, la cual, a punto está de llevárselo al otro mundo. Faltó poco… pero no sucede, y luego de eso, este protagónico de telenovela inicia una lenta pero contundente recuperación. Él como nadie sabe lo que es estar muerto en vida, lo que es sobrevivir al haber tocado las paredes del infierno y por eso, cuando se pone en pie, es más fuerte que todos y más generoso que nadie.
Desde el inicio, Gaitán planteó para su personaje original una pequeña rendija de salvación: el AMOR con él cual pretendía jugar. Con Armando hay miles de cosas ambiguas, discutibles, poco nítidas pero con Fernando las cosas son mucho más claras, con el aparentar amar, él comienza a conjugar el verbo de múltiples maneras, a ser amante, a mirarse amando y a sentir el amor de Leticia. Luego de eso, su vida nunca volvería a ser la misma por la sencilla razón de haberse aferrado al ese amor, a un amor que es vida y, en esta telenovela al menos, es capaz de conjurar al infierno y a la muerte.

La lucha interna de Fernando Mendiola consigo mismo nos ha ocupado buen espacio de discusión de unas semanas a la fecha. Con la aportación de varias de las foristas hemos visto cómo eso que trae Fernando adentro es muy fuerte, tiene múltiples manifestaciones y se va desvelando entre líneas durante toda la telenovela.
Luego de leer las aportaciones de Luciana (en lafeamasbellaonline.tk) sobre la aparición de Eduardo en la trama me quedé dándole vueltas al asunto y llegué a un pensamiento: los dos mejores amigos de Fernando son las personificaciones de su lucha interna, una batalla campal entre el deber y el deseo.

De entrada, conocemos a Fernando acompañado de su inseparable Omar Carvajal porque la trama así los plantea pero con la llegada de Eduardo logramos poner en perspectiva tanto a Fernando como a su mundo pues Lalo propone una versión crítica de todo y nos ayuda a ver mejor cómo está planteado el protagónico de LFMB.
Omar representa el deber. Las obligaciones con la autoridad (para Fernando su papá, principalmente); el cumplimiento de los designios hasta de los difuntos de la familia (su boda con Marcia, el máximo deseo de Julio y Susy Villarroel); los compromisos con la empresa, con la Presidencia y esa eterna pugna con Ariel donde sólo se trata de ganar a costa de lo que sea, así el más afectado sea uno mismo…
Eduardo presenta el deseo. Trae consigo aires de libertad porque el deseo como fuerza de vida es eso, energía, vitalidad e imaginación; es incontenible, inasible, impredecible. Con Lalo comienza a escucharse la voz interna de Fernando (esa fascinación con la que describe cómo su amigo sí encontró el amor habla de su propia búsqueda hasta ese entonces fallida); él mismo comienza a dilucidar el precio tan grande que traerá venderle su alma al mundo; cómo no desea morirse por dentro a cambio de ser aceptado como hombre adulto y maduro por su familia y su prometida, etc., etc., etc.. Lalo siguió su propio camino y le está ofreciendo a Fernando el conocimiento de la posibilidad… conocer lo posible puede entonces transformarlo en sueño y de ahí, tal vez, en realidad.
Y así como Fernando por dentro lucha entre deber y deseo, Omar y Eduardo se confrontan en escena. Omar no tolera a Lalo y hace berriches, reproches, atosiga, amenaza. El Deber en millones de ocasiones se cumple bajo cohersión. Omar sabe que sólo por el lado de desvelarle a Fernando el infierno en que se convertiría su vida si no hace lo que “debe hacerse”, es como puede convencerlo, contenerlo, acallarlo… hacerlo seguir con los planes.
Lalo no procede así. Él conoce a Omar y no va a desenvolverse en sus terrenos. Eduardo propone otra vía, habla cara a cara con Fernando, le cuenta su experiencia, lo emociona y lo conmociona con su felicidad personal… con esa vida libre, sin ataduras; con esa amistad tan franca y tan alegre con el Cuartel al que dibuja; con la preciosa historia de Ingala, su mujer. Eduardo ofrece esperanza, luz, vida pero para llegar a esa felicidad uno ha de reflexionar, de saber qué se desea de la vida y entonces, actuar en consecuencia…
Porque el deseo es acción y el deber… para Fernando la muerte. Tan es así que sigue su “deber” y fracasa de todo a todo. Pero, afortunadamente para él, Eduardo apareció justo a tiempo, le permitió a Fernando dudar, preguntarse, darle cabida al deseo en su vida y perderse en Leticia para descubrirse vivo. Es más, de no haber sido así, tal vez la primer noche no habría ocurrido tal y como ocurrió ni habría desatado las consecuencias que desató tanto en Fernando como en Lety… me aventuro a decir. Ustedes dirán si -como decimos por acá en México- “voy bien o me regreso”.

Siguiendo con esta forma de volver a ver LFMB, he decidido lanzar mi propia versión de su decenlace dada mi inconformidad (compartida, he podido comprobar) con la propuesta televisiva. A ver si para proponer soy tan buena como para criticar, jaja.

Su nombre: RENACER…

Aquí el link: http://www.network54.com/Forum/540077/
Saludos a l@s visitantes de este blog.

ÉRASE UNA VEZ…

En un lugar de trabajo, en una reunión de las millones que toman a lugar día a día en el mundo empresarial, érase una vez que ocurrió un encuentro cósmico. El universo conjugó sus movimientos para llevar a Leticia Padilla Solís al lugar donde su vida tomaría un rumbo definitivo: Conceptos, pero no sólo eso, su destino tenía nombre y cuerpo: Fernando Mendiola.
“Ese hombre te va a cambiar la vida y tú se la vas a cambiar a él” -le dirían los caracoles en voz de Juana tiempo después. Lo cierto es que sin ese primer choque, sin ese momento primigenio ninguna magia habría ocurrido. En ese instante dos completos extraños dejaron de serlo y comenzaron un rumbo conjunto, un rumbo hecho de cielo e infierno, de luz y de sombras. A lo largo de ese camino se transformarían radicalmente y aprenderían a saberse mucho más fuertes, más grandes y más poderosos de lo que imaginaban.
Tal vez nada de eso fueron capaces de prefigurar en el momento en que se miraron por primera vez, sin embargo, el impacto mutuo fue indiscutible. Ella entró a esa sala de juntas con la ilusión en la mirada y la sonrisa en el rostro, despidiendo por cada poro optimismo y autenticidad. Él la recibió con una seriedad autoimpuesta para esconder su impacto, era un maestro en el arte del disimulo y la fealdad externa de ella lo había dejado pasmado. Sin embargo, a pesar de sí mismo, cedió ante la sonrisa desbordada de ella, correspondió brevemente y a partir de ahí le pidió quedarse, en esa sala primero, en la empresa después y al final, en su corazón y en su vida.
Para ella no fue sorpresa verlo, sabía perfectamente a quién encontraría ahí, antes bien, estaba decidida a aprovechar al máximo ese encuentro y despliega todos sus encantos, los cuales resultan avasalladores al grado de opacar a la mismísima Marcia Villarroel quien se vuelve una especie de maniquí sonriente pero inerte, bellísima pero sin chispa, sin vida. Y vida despide Leticia, una vida encantadora, luminosa y generosa; sorprende y seduce a Humberto; le simpatiza a Fernando quien además se da cuenta de su inteligencia y capacidad de trabajo; descoloca por completo a Marcia quien no puede sino tratar de participar en un juego donde ha quedado fuera burlándose de la situación pues de pronto el fundador de la casa productora y su hijo parecen ser quienes están buscando el empleo… “Quiero a una mujer eficiente” -repetiría mil veces Fernando y con ese argumento la incorpora al trabajo sin sospechar siquiera que esa genio de las finanzas iba a ser la mujer de su vida: aquella quien le enseñaría que su corazón estaba vivo, ni más ni menos.
Ambos inician el camino desde perspectivas opuestas. Él, desde su doble mirada: Es fea pero tiene más cerebro que tú y que yo juntos (a Carvajal); es fea pero eficiente; es fea, feeea pero leal e incondicional… Ella, por su parte, vive todo desde su particular forma de involucrar el corazón en todo cuanto hace, -no por nada llegará a decir que su vida sentimental y laboral parecen ser una sola-: para Lety, Fernando es un galán de cine que traspasa la pantalla para volverse el protagonista de una película distinta, la que ella guioniza en sus sueños a ojos abiertos y cerrados… Luego, vía la trampa de seducción, quedarán uno a merced del otro para descubrir que él había nacido para ella, y ella, para él.
Este primer choque de miradas es el preludio de una larga historia, una historia luminosa y oscura a la vez, desgraciada y feliz a un tiempo; capaz de, a pesar de todo, materializar los sueños de una mujer maravillosa, “la fea más bella” y de Fernando Mendiola, el hombre quien la convertiría en “la dueña de su vida”.