Café con aroma de mujer: entre el campo y la ciudad.

La tierra es un gran lugar donde las cosas suceden lenta y cíclicamente. Pareciera que nada cambia, que todo se repite en una secuencia de eventos donde cada uno de ellos tiene su momento para suceder, el tiempo ahí corre a su manera, marcado por los ritmos de esa “gran madre”.
La tierra siente, la tierra responde a los estímulos a su manera y tiene sus tiempos para hacerlo. La tierra es noble, generosa y maleable pero si se la daña puede responder con una furia incontenible y es capaz de destruir inmisericordemente. Es la tierra el origen y destino de Café con aroma de mujer, ahí comienza y ahí acaba, Gaitán nos lleva por un largo e intrincado camino marcado por su presencia, por sus frutos y por las vicisitudes de una familia quien depende de ella para vivir.
Contrapuesto a la tierra está el mundo urbano: tecnológico y vertiginoso. Si la tierra es todo ciclo y ritmo; la urbe es toda novedad e impacto. Es un mundo hecho a la medida del hombre, robando espacio al campo y haciendo todo lo posible por olvidarlo. Cuanto más distante se esté de la tierra y sus avatares más importante y más grande se es en la ciudad. Cuanto más rápido se vaya, mejor.
Estos dos ritmos son contrapuestos y experimentados una y mil veces por Fernando Gaitán a lo largo de Café… así construyó él esta historia, entre dos mundos en apariencia contrarios, los cuales están más imbricados de lo que los mismos involucrados en la historia perciben. Puso como representante de cada uno de estos mundos a los dos primos de la familia Vallejo: Sebastián pegado a sus raíces del cafetal e Iván seducido por la tecnología y el vértigo de las grandes ciudades. Cada uno de estos personajes es un discurso diferente, discursos que comenzarán hermanados (como los dejó el abuelo) para luego distanciarse y hasta enfrentarse; de esta lucha saldrán las lecciones para los personajes, las consecuencias de cada acción de los involucrados en la historia y al final, todo caerá por su propio peso.

Sebastián es como la tierra a la que ama. Noble, generoso y paciente, sabe que las cosas llegan cuando han de llegar y no antes ni después. Además es un tipo luchón y cabal, nunca promete en vano y jamás olvida su origen, al contrario, ante cada fracaso siempre termina pegado a la tierra, su tierra. Sin embargo, Gaitán nos dice que no basta ser un buen tipo para abrirse camino en la vida, pues a Sebastián le hará falta fortalecerse mucho, madurar y conocer bien a quienes están a su alrededor para saber dónde está parado y para lograr sus propósitos a pesar de que interfieran con los de otros. Además, cuando este hombre adquiera capacidad de sospecha y un poco de malicia usará su astucia y la firmeza adquirida con los reveses para abrirse paso en la vida. Y no sólo eso, también se cobrará las cuentas pendientes, no importa que tarde en empezar a hacerlo, al final él tendrá la felicidad por la cual se partió el alma aún a pesar de (por momentos) creerla inalcanzable.
Iván, por su parte, es el maestro de la inmediatez, de la velocidad y del progreso tecnológico; un tipo de ciudad a quien le han enseñado que los límites pueden ser los que él disponga. Alguien así puede fácilmente olvidar quién es y de dónde viene. Perdido el origen, es fácil errar el rumbo y el destino e Iván, en aras de “llegar a ser alguien en la vida”, construye paso a paso su propio cadalso.
No hay tipo más citadino que Iván Vallejo, si bien no toda la gente de ciudad es como este personaje, los hay quienes como Iván han traicionado sus raíces. Él usa el café simplemente como una mercancía, claro, desde la perspectiva que le da la oficina de un edificio inteligente de Bogotá, de NY o de Miami puede serlo. El café para este personaje sólo vale lo que puede intercambiarse en dinero por él y esa será su perdición, junto con su sobrada confianza en entidades tan inestables y tan cambiantes como la bolsa de valores y la tecnología.
El contraste entre las múltiples “paradas” que hace Sebastián en su vida y el vértigo con el que vive Iván también es muy notorio. Al protagonista de la historia parece no importarle detener su vida cada que sufre una caída, no importa cuántas veces regrese al principio, siempre que vuelve de la hacienda lo hace más maduro, más lúcido, más fuerte y resultará más decidido cada nueva vez. Aquí la tierra es origen, es madre, es cura, un espejo autocrítico y hasta destino. Por el contrario, la vida imparable de Iván lo va debilitando cada vez más. Es tal su obsesión por dejar atrás lo pasado que finca toda su vida en una novedad insostenible eternamente (digo, hasta Bill Gates tiene sus límites… qué le podemos augurar a Iván Vallejo). Lo irónico es que él mismo comienza a volverse un hombre maduro sin darse cuenta y cuando lo hace, ve que se parece mucho más al viejo abogado de la familia de lo que él mismo cree y él detesta a Latorre por viejo, por inservible ¡qué cosas tiene la vida! Es así como este obsesivo del olvido sigue su camino hacia la ruina porque le parece la única vía, aunque pueda sentir cómo se acerca el desprestigio y la cárcel (el desamor siempre lo tuvo) y no pueda hacer nada para recomponer el camino… salvo regresar al principio.

Si algo deja en claro Gaitán desde Café… es que todas las situaciones, las decisiones y acciones de nuestra vida pueden tener una cara doble. Si para Sebastián la tierra era arraigo y refugio, y para la Gaviota el lugar de sus sueños y recuerdos más entrañables; para la hermana del protagónico era un sepulcro en vida del que buscaba desesperadamente salir… Si para Iván el gran privilegio de su vida era contar con todo el mundo de novedades para ser un gran hombre de negocios, es una de esas novedades tecnológicas la que contiene la información que lo hundirá (la tecnología también corrompe, pervierte y traiciona sin el menor pudor, así que cuidado con perder la perspectiva)… Si una familia por más poderosa que sea olvida de qué está hecha y cuáles son sus inicios, se arruina y se hunde… Si fincamos nuestra felicidad fuera de nosotros mismos, aquella persona o aquella cosa en la que hemos confiado tarde o temprano se agota o nos traiciona y ante ello tenemos dos opciones: mirar hacia adentro, hacia nosotros mismos y rescatarnos; o seguir buscando afuera… hasta que otra vuelta de la vida nos lleve a preguntarnos si dentro de nosotros está lo necesario o no para salir adelante.

(Abril 2007)

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