De protagonistas de telenovela y sus espectadoras. 1

Las telenovelas son ficción. Eso todos parecemos tenerlo bien claro y aunque se dice que la ficción no puede invadir la realidad, se alimenta de ella, toma elementos de lo que sucede en lo cotidiano para materializarse, para recrear a su manera la realidad y para invadir vidas “normales” con sus propuestas. Y las telenovelas, por mucho que sean todo ficción nos tienen pegados a ellas y a sus personajes.

PARTE 1
¿Qué y quién es una protagonista de telenovela? Pareciera describir a
una protagónica de melodrama seriado es lo más sencillo del mundo y que
hasta los niños de tres años lo podrían hacer pero yo creo que la cosa
no es tan simple. Usualmente cuando hablamos de la heroína de una
telenovela pensamos en una mujer bella, bien intencionada, incapaz de
maldad alguna, que se gana la simpatía de todos los personajes buenos
del melodrama y es blanco de miles de maldades y obstáculos para
encontrar la felicidad y el amor. Una felicidad y un amor cristalizados
en la figura de un hombre guapo, maravilloso y con la vida
económicamente resuelta quien sólo vive para añorar su boda con ella y
la valora no por lo exterior sino por su belleza interior, (aunque si
no estuviera guapa… quien sabe).
Si pensamos que una telenovela es puritita ficción y tales ejemplares
mujeriles son irreales, que son prototipos, ¿qué nos muestran? Y lo más
importante ¿estamos las mujeres de hoy en día dispuestas a comprar esos
modelos? La respuesta a estas preguntas, desde mi punto de vista, la
tiene Fernando Gaytán. Aquí quiero contraponer a Betty-Letty vs. otras
protagónicas de telenovelas más tradicionales. Nada demasiado
específico, sólo características generales. La lupa se enfocará en tres
temas fundamentales: la belleza; la bondad y la forma de luchar por
alcanzar metas; y el amor que viven las protagónicas de telenovela.

1. Espejito, espejito…
Comencé diciendo que una heroína de melodrama es una mujer bella. ¿Qué
es la belleza? Una convención social, un acuerdo válido sólo para
cierto grupo de personas culturalmente afines. Las mujeres “hermosas”
de nuestra TV poco tienen que ver con las mujeres consideradas bellas
por los nigerianos, por ejemplo. Y lo se de buena fuente, alguna vez un
oriundo de Nigeria me aclaró que estas mujeres escuálidas, pálidas y
sin caderas de Europa, USA y anexas para ellos no tienen nada de
lindas… En fin, ¿en qué momento para ser protagónica de telenovela se
volvió requisito indispensable ser bonita? ¿Es que la belleza externa
es la representación idónea del resto de las cualidades de las heroínas
del melodrama? Tal pareciera que sí, que esa es la “naturaleza” de una
protagónica de telenovela pero creer ésto es no ver más allá de las
apariencias.
La idea de una mujer bella por dentro y por fuera no surgió en la TV,
de hecho, como yo lo veo, lo sucedido en los melodramas caseros es una
prolongación de lo que sucedía en las novelas, el teatro, la ópera y el
ballet desde el siglo XIX. Es un patrón viejo, muy viejo pero que tal
vez por su repetición infinita (en apariencia) parece eterno e
incuestionable. ¿Ejemplos? Qué sería de Los Miserables sin Cosette… O
de la ópera sin Tosca… ¿Alguien imagina un ballet de los llamados
clásicos sin la protagonista eternamente de puntas, dando saltos como
si no quisiera tocar el piso y moviéndose suavemente mientras todos la
admiran? Son bellezas distintas pero se trata de mujeres hermosas
exteriormente que, según sus creadores, precisamente en esa hermosura
es donde muestran su belleza interior.

Ahora bien, tenemos un patrón súper antiguo repetido desde hace más de
un siglo el cual de pronto se ve transgredido. Llegó Betty, la fea a
Colombia y de ahí al mundo. Betty no es la primer protagónica fea en
una telenovela, (las mexicanas pídanle a su mamá o a su abuela que les
cuenten “Rina”) pero sí lo es en la historia reciente. Además, Betty no
es una fea cualquiera, es una mujer que no parece tener ningún rasgo de
lo que consideramos belleza y va a dar a una casa de modas repleta de
hermosuras. ¿Azar? Claro que no. Si Gaytán iba a cuestionar el patrón
lo tenía que hacer a fondo.
Gaytán mismo lo explica en una entrevista dada en el año 2000, cuando
“su fea” estaba en los cuernos de la luna: hay belleza “oficial” que es
la de las reinas de belleza y “también la belleza que tienes que
descubrir, la que está detrás, como en el caso de Betty, y esa belleza
es una de las más peligrosas, porque es la que cuando uno observa no
encuentras nada y te vas dejando atrapar de una forma más sutil y lo
terminan estrangulando a uno.”
Estas palabras dicen mucho. La belleza convencional es consenso, es
fácil de asimilar y no supone ningún tipo de cuestionamiento, entre más
te apegues a las tendencias mejor. Millones de mujeres pasan su vida
tratando se ser “bellas”. ¿Pero esta lucha las hace ser ellas mismas?
¿Les otorga una vida interna vasta y enriquecedora? Probablemente no,
están demasiado ocupadas en los afeites. Claro que siempre están por
ahí las modelos, las artistas de revista y las protagónicas de
telenovela que, además de bonitas son mágicamente dulces, simpáticas,
leen un poco y pueden darles a estas mujeres una ligera esperanza:
también se puede ser linda por dentro y encontrar a un galán
maravilloso que las adore por invertir su vida en cultivar la fachada.
No estoy diciendo que maquillarse, teñirse el cabello, comprarse un
saco de moda o arreglarse las uñas sea una pérdida de tiempo o que sea
malo per se, lo que quiero decir es que, invertir toda tu vida en esto
no te hace ser más mujer ni mejor quienes no hacen algo similar, ni te
garantiza ningún tipo de felicidad y mucho menos de amor.

Por otro lado, ¿cuántas más mujeres hay que tienen que buscarse la vida
cada mañana y no pueden pasarse una eternidad frente al espejo para
verse como reinas de belleza? Lo que es más, ¿son menos mujeres porque
no son tan bellas como dicen las revistas que deberían ser? Claro que
no. Gaytán hace de Betty un personaje que desespera por un trabajo,
tanto como muchas de nosotras una o varias veces en nuestras vidas.
También la hizo una mujer de estudio y de trabajo. ¿Estudiar es asunto
sencillo? ¿Trabajar no es agotador? Estas actividades constituyen
formas de enfrentar la vida y no sólo eso, proporcionan una conciencia
única de lo que la constancia, la disciplina y el esfuerzo pueden
llegar a lograr aunque el mundo te cierre las puertas muchas veces.
También hacen aprender a reconocer la oportunidad, por pequeña que sea.
Por eso Betty decide conquistar Ecomoda. No vi los capítulos iniciales
de la fea colombiana, pero sí vi LFMB y recuerdo a Lety diciéndole
entre risas a Tomás: “Mis papás no se darán cuenta de que me
contrataron como secretaria porque pienso ascender (…) Y cuando sea
la dueña, te voy a contratar”. ¿Sueños solamente? No, porque ella se
sabe con la capacidad de manejar la empresa, sabe que aprende rápido,
sabe que está bien preparada y sabe que todo es cuestión de tenacidad.
¿Cómo es que está consciente todo eso? ¿Cómo es que nos maravilla con
su optimismo y con su sonrisa a pesar de lo difícil que es el ambiente
de la empresa? Porque las verdaderas armas de Lety están en su
interior. Ella es consciente de sus fortalezas y de sus conocimientos
además de saberse hermosísima por dentro. Lleva años mirando hacia sí
misma, lleva la vida entera reflexionando cómo asumir el mundo, el
diario de Lety tiene en el lomo el número 9. Es decir que por lo menos
hay otros 8 cuadernos similares donde ha escrito y pensado sobre sí
misma, sobre cómo vive ella la vida. Escribir es una actividad que
proporciona una maravillosa oportunidad de mirarte y mirar el mundo con
calma, que reconforta y hasta libera.
Betty-Lety sabe lo que trae escondido, sabe que por dentro es
maravillosa aunque sabe también que nadie desea acercarse a una fea. A
los hombres les enseñan a mirar sólo a las bonitas. Por eso, cuando su
jefe jugando a galán se le aproxima, ella trata de despistarlo con el
cliché: yo no tengo nada de atractivo, está plenamente consciente de
que a él le fascinan las bellezas de revista y ella ni es ni buscar ser
una de esas mujeres. Entonces él revirará mencionándole a esta mujer la
fragilidad y la hermosura internas que sostiene haber descubierto en
ella. Él no sabe cabalmente en lo que se está metiendo, no tiene idea
de que la verdad de sus palabras, de que esa mujer es hasta peligrosa,
como arriba dice Gaytán.
De pronto la palabra “peligrosa” suena demasiado fuerte, pero no lo es,
es exacta. Para los hombres, las mujeres somos un enigma pero un enigma
relativamente fácil de conjurar cuando nos apegamos a los modelos
propuestos por otros para nosotras. Cuando ellos pueden saber dónde
compramos nuestra satisfacción, en qué supermercado encontramos nuestra
autoestima y en qué color de vestido llevamos el conocimiento de
nosotras mismas pueden darnos por nuestro lado y hasta lograr
sorprendernos. Sin embargo, cuando nuestra alma no se mide bajo ninguno
de esos patrones y cuando ellos se acercan y de verdad toman la
decisión de averiguar lo que traemos dentro… ahí sí que comienza la
aventura no sólo para ellos, para nosotras también. Ahí es donde las
cosas se pueden transformar en dicha o tormento para ambos.
Gaytán dice que la belleza interna puede estrangular, algún
“estrangulamiento amoroso” habrá vivido. Muy probablemente se acordaba
de su experiencia mientras lo entrevistaban y, claro, también mientras
escribía a Armando Mendoza. ¿Qué tal lo que les sucede a él y a
Fernando Mendiola? Primero Betty-Lety no eran nadie en sus vidas, de
pronto y sin darse cuenta de cómo se vuelven el centro de su
existencia. Tan es así que parecen morir cuando ellas comienzan a
cambiar a raíz del conocimiento de la traición y peor cuando salen
huyendo a la playa. Pero como dicen por ahí, “lo que no te mata te hace
más fuerte”, y Armando-Fernando no sólo no mueren sino que le dan la
vuelta a su vida (desde mi punto de vista Fer es mucho más claro en sus
sentimientos y menos indeciso-manipulable que Armando pero ambos
cambian). Y todo inspirado en la belleza de Beatriz-Leticia, en la
hermosura de su corazón, de su risa, de su transparencia y su
optimismo. La protagónica femenina de Gaytán le muestra al galán de la
historia que tiene un corazón y que puede dejarse llevar por él para
llenar ese vacío que lo había perseguido desde siempre… aunque a ese
hombre le faltaba madurar y crecer para descubrirse como un ser humano
completo en sí mismo.
Y todo esto sucede mientras Betty-Lety es una mujer feísima en
apariencia. No le hizo falta parecerse a ninguna de las modelos que
trabajaban para Ecomoda o a ninguna de las actrices guapísimas que
trabajan con Conceptos. La magia está dentro y eso está clarísimo para
el espectador quien se prenda del personaje tal cual es. Gaytán muestra
entonces que las bellezas protagónicas de telenovela podrán verse todo
lo lindas que se quiera pero que esa no es la condición principal para
que el público se identifique con ellas. Y, por si faltaban pruebas,
ahí está el caso de Patricia-Alicia, ella puede verse maravillosa en
pantalla, sin embargo se hace odiar o hasta llega a dar pena, su
belleza externa no le sirve para nada porque está vacía por dentro.
Bueno, tal vez vacía no, está llena de mezquindad.

Así las cosas, Betty-Lety nos dejan claro que la belleza real, la que
encanta y subyuga está dentro de los personajes, es lo que está detrás
del disfraz lo que hace amarlos u odiarlos… A Betty la amaron no sólo
en Colombia, en el mundo entero también. Esta fascinación del público
puede verse como una forma de recibir la novedad de una protagonista
fea pero también puede interpretarse como el hartazgo de no sentir
identificación con las otras protagonistas de melodramas seriados. Y no
se trata de “odiarlas por ser bonitas” sino de que muchas de las
espectadoras actuales no pueden ya identificarse con ese modelo pues
les es completamente ajeno… porque saben que la mujer es mucho más
que sólo lo de afuera y porque el interior que ofrecen estos prototipos
de mujer no tiene mucho que ver con lo que las mujeres de carne y
sangre traemos dentro.

Y aquí está la desgracia de la actual Leticia Padilla Solís. De no
haberle robado el alma, seguiría siendo una heroína, un personaje al
que muchas acompañaríamos con gusto hasta ver el letrerito de ‘FIN’ en
pantalla. Sin embargo con los alargues y con Aldo a su lado le robaron
el alma y creyeron que Lety se iba a sostener tan sólo con la armadura.
Nos dejaron sólo la fachada, probablemente la producción crea que todo
está relativamente bien, la telenovela sigue siendo muy vista y en
ocasiones pienso que ni siquiera se dieron cuenta de cómo el argumento
mató a la protagonista. El problema es que el público que había
aglutinado LFMB es distinto al que mira otros melodramas y buena parte
de él desde hace mucho se dio cuenta del fraude. Por eso nuestro enojo
y decepción, por eso ya no le creemos nada a Leticia y por eso esta
espera tortuosa por el final que, sin importar ya cómo sea nos sabrá
amargo, muy amargo.

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