De protagonistas de telenovela y sus espectadoras. 2

2. No rompe ni un plato…
Acabamos de concluir que para se protagónica de telenovela no es indispensable ser bellísima, Gaytán puso en pantalla a su bonita que no es bonita y ya nos puso a pensarle. Hablo en plural porque luego de sus respuestas en el foro hago de los acuerdos entre nosotras una conclusión común. Ahora bien, ¿qué pasa con el alma de las protagonistas tradicionales de telenovela? ¿dónde reside su belleza? Según el discurso, en la bondad, en sus buenas intenciones, en su incapacidad de hacer daño ni a una mosca (aunque se les pare en la nariz); es decir, para ser bella por dentro hay que actuar conforme a una ética que impide siquiera tener malos pensamientos.
¿Realidad? Por supuesto que no, como el asunto de la belleza, la definición de bondad es un asunto acordado socialmente y las “buenas” de telenovela son sólo ejemplos. De nuevo el patrón está en el siglo XIX pues por allá fue cuando los padres de la modernidad clasificaron a los hombres en buenos y malos, en sublimes y bajos, en luminosos y oscuros. Nada de matices, blanco o negro. Entonces, para ser buena también hay que ser luminosa, sublime e incapaz de malicia. Eso puede estar genial para Cossette, para La Bella Durmiente y hasta para Simplemente María pero para las heroínas actuales de televisión es un modelo demasiado fuera de cualquier relación con la realidad.
Desde hace rato oigo en entrevistas a las protagonistas de melodramas seriados decir: mi personaje es interesante porque es una buena con carácter, no es una tonta que de todo se deja. ¿Qué es el carácter? ¿En verdad les proporciona rasgos que las mujeres de hoy en día pueden tomar como propios? En algunos casos parece que sí, pero en otros, para nada. Para saber dónde estamos ahora con respecto a lo que se juzga como bondad y lo que puede ser la ética de una protagonista de telenovela llamaremos a escena de nuevo a Gaytán y a su adorada Betty (y a Lety cuando sea pertinente).
Betty es una mujer íntegra. Fue educada y formada por un padre que seguro leyó (y la hizo leer) toda la literatura moralizante escrita en español. Esto es un invento mío pero de que Gaytán se leyó estos libros, se los leyó. De otra manera no me imagino a Hermes, ni a Erasmo ni ninguna de sus férreas convicciones, ni de sus terribles y absurdas reglas. Pero la idealización de la integridad y un modelo antiguo no preparan cabalmente para los retos de la vida de hoy. La intención de ambos padres es buena pero para la realidad que encontrarán tanto Betty como Lety en sus respectivos empleos no funciona.
Ecomoda y Conceptos son lugares llenos de personajes cargados de matices, que no son ni buenos ni malos y que no actúan conforme a patrones acartonados por eso, la pareja de Armando-Fernando / Marcela-Marcia es en apariencia perfecta pero como no se aman internamente es un desastre; y qué me dicen de Patricia-Alicia y su forma de actuar, de resolver la vida; o de Mario-Omar, inescrupulosos, perversos, acomodaticios… y podría seguir. Entonces, Betty-Lety pueden ser todo lo bien intencionadas que quieran pero no cuentan con un arma muy importante para lograr sobrevivir en la selva a la que han llegado a trabajar: la malicia.
En el mundo de hoy no puedes confiar de buenas a primeras en cualquiera. Lamentablemente, Betty-Lety traen grabado en su cabecita que las figuras de autoridad son incuestionables. Sus padres les han inculcado eso porque para ellos es lo más conveniente y no se han puesto a pensar en el daño que les provocan a sus hijas queriéndolas tener pegadas a ellos mismos indefinidamente. No has han dejado crecer y siendo muy niñas en muchos aspectos llegan a enfrentar un mundo atroz. Esa inocencia con la que entran a Ecomoda-Conceptos es la que nos fascina pero también la que les lleva a caer en las garras de su jefe. ¿Qué nos dice aquí Gaytán? Que si una protagónica tradicional de telenovela llegara a una de sus creaciones no duraría ni dos semanas, pa empezar. Luego, que la bondad como todo en esta vida es algo ambiguo pues funciona lo mismo para construir que para destruir y por ello Betty, que no es una protagonista tradicional, va aprendiendo de cada experiencia y se va transformando en el camino. Es bien intencionada y busca ayudar siempre, por eso se presta para las maniobras poco éticas de su jefe y pareja. Además es incapaz de pensar en traicionarlo, simplemente eso no entra en su cabeza. No recuerdo que Betty hubiera tenido tiempo de sospechar de Armando pero sí recuerdo a Lety sospechando de Fer. Cuando filman un comercial en un jardín se da una serie de enredos con la modelo que hace el anuncio. Cuando Lety se entera de cómo están las cosas y de las mentiras de su jefe, llega a pensar: “para él es muy fácil mentir (…) ¿y si me estuviera engañando a mí también?” Si bien se autoconvence de que eso es imposible, ya comienza a caber la sospecha en su interior.
Sospecha que se desbocará luego de haber leído la carta de Mario-Omar. Betty-Lety se vuelcan, así sin medias tintas, todo se les vuelve oscuro, nada creíble, imposible de soportar además. También para sospechar se necesita experiencia y ellas no la poseen, por eso no saben distinguir y por eso no pueden creerle ya nada a su enamorado y cada vez más desesperado jefe. Y por eso también se van completamente hacia el lado de la venganza. Venganza que el público disfruta sobremanera, que no sólo es esperada, es hasta aplaudida por muchos de los espectadores.
¿No que una protagonista tiene que actuar siempre correctamente? ¿Cabe o no el error en ella? Gaytán nos dice que si la protagonista se parece a las mujeres de hoy en día, claro que puede tener malicia, claro que puede hacer cosas no muy éticas y claro que se puede equivocar. ¿Entonces dónde está la diferencia entre ella y los ‘malos’ de la trama? En que esta mujer (Betty-Lety) sabe que se está equivocando, en que ella es capaz de reflexionar sobre sus actos y las consecuencias que estos tienen, en que ella coteja sus prejuicios con la realidad que vive en la telenovela y va aprendiendo de sus experiencias y, tal vez más que otra cosa, en que a ella le duele todo lo que hace.
Y no hablo de que para ganarse a la audiencia son indispensables las lágrimas. El sufrimiento de Betty-Lety no es sólo por el desengaño amoroso. Estoy hablando del dolor de vivir, de un dolor que proviene de analizar lo experimentado y de saberte incapaz de manejar las cosas de otra manera. Dolor también por haber tenido que recorrer ese terrible camino para darte cuenta de todo lo que te faltaba por aprender. Dolor de crecer y de comenzar a comprender en realidad el mundo, de que los actos de otros te hagan replantearte la vida y tomar rumbos que no esperabas, que no conoces y que no deseas.
Esto es lo que hace a Betty-Lety estallar antes de la junta de Consejo (Comité). No es sólo el saberse burlada por su jefe y el amigo de éste y el saber que aún lo ama a pesar de todo. Es saber que la venganza es un plato muy amargo que le ha traído no sólo sufrimiento a ella, sino también a él (aunque crea que sufre sólo por la empresa) y a Ecommoda-Conceptos en su totalidad. Cuando decide decir la verdad sabe que esto traerá mucho más sufrimiento para todos pero le pondrá un punto final a la caída en la que todo se ha sumido. Es una manera de frenarlo todo en seco… para recomenzar.
Entonces viene una segunda etapa. ¿Hay segundas oportunidades para los que se equivocan? Gaytán nos dice que sí, cuando menos para Betty, para Armando y hasta para Marcela las hay. Dejemos de lado Cartagena y vayamos directo a la colección ‘Renovación’ de Ecomoda. El nombre lo dice todo. Beatriz, ahora presidenta formal de la casa de modas decide llevar la alta costura a la mujer común, la hace accesible a la mayoría de las mujeres que no por ser muy distantes de las modelos de pasarela merecen menos calidad y menos diseño en su ropa. Además Armando propone ampliar las posibilidades de crecimiento de la empresa vendiendo franquicias. Así saldarán la deuda y salvarán a la empresa del remate.
Llega el desfile y todo es luz, alegría, felicidad. Sin embargo, Gaytán hace del triunfo de Beatriz algo memorable con un incidente que está a punto de arruinar el evento y nace de un alma ruin. Hugo pretende hacer patente su total inconformidad con la situación de Ecomoda en ese momento y hace desfilar por la pasarela a las feas de la empresa. Quiere humillarlas y con ello dejar en claro que las pretenciones de Beatriz son las de una intrusa que no tiene idea de moda ni de belleza. Las secretarias se sobreponen a lo aterrador de la situación y salen a la pasarela, los invitados aplauden pues ahí está el ejemplo de que la colección es excelente, ahí pueden ver a mujeres comunes que se ven impresonantemente bellas vestidas con la ropa diseñada por Hugo. El público se vuelca al ver a la última de ellas, Inés, toda una institución en Ecomoda y en ese momento, una elegante dama de edad bajo la luz del seguidor.
¿Quién logró toda esa magia? ¿A quién le debemos estas escenas? A la protagonista de Gaytán quien llora de felicidad ante su éxito, ese éxito tan anhelado y tan rotundo.  Y ¿qué nos dice el libretista colombiano al retratarnos este triunfo? Que las mujeres comunes pueden soñar y cumplir los sueños, que pueden renovarse, aprender de sus errores y seguir adelante. Las del Cuartel triunfan en la pasarela y Beatriz triunfa como empresaria, sin discusión. Nos dice que no hay obstáculos y que no hay mujer pequeña, ni tonta, ni mucho menos débil. Cuando los aplausos estallan nos queda claro que Beatriz, sin traicionar su esencia, ha triunfado tan sólo con su trabajo honesto y sus agallas para encarar a al vida, para renovarse completa, para seguir adelante siempre. La catarsis llegó, podemos estar tranquilos porque, al fin, Beatriz, nuestra adorada Betty, tiene el reconocimiento y el respeto que merece. Y nada le fue regalado, tanto el sufrimiento como ahora la felicidad fueron obra de su mano, de sus actos y de las consecuencias de estos.
Lo mismo sucederá con Armando. Él aprendió de la tragedia que se fabricó, se puso a trabajar y a tratar de demostrar su cambio ya no se cree un semi-dios, ha aprendido a verse y a tener una imagen más real de sí mismo y de la propia Beatriz. Sabe que debe hacer méritos si desea el perdón pues la factura que debe es muy, muy alta. Betty quiere olvidarlo porque no confía en él, pero cuando Marcela le habla de que él se enamoró de ella desde el principio, ella toma una decisión. Reencontrarse con ese hombre al que no ha dejado de amar y recomenzar de nuevo… probablemente todo funcione mejor esta vez.

¿Qué decir de Leticia a este respecto? Que nos quedó a deber la segunda parte de su historia, que no parece haber aprendido nada y hasta parece estar peor que al principio… en cuanto a Fernando, ese sí no nos debe nada, al contrario, se reivindicó y muy dignamente.

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