De protagonistas de telenovela y sus espectadoras. 3

3. Y amarte y respetarte todos los días de mi vida…
Se supone que el objetivo de una telenovela es contar una historia de amor, amor cristalizado en una boda que se dibuja desde el principio de la trama y que se va aplazando por la serie de obstáculos y vicisitudes que los protagonistas deben vivir antes de concretar su unión definitiva.
¿Cómo es la pareja que tarde que temprano ha de llegar al altar? De ella hemos dicho arriba que es una mujer bella por fuera y además íntegra, incapaz de malicia  y ansiosa de encontrar al hombre de su vida para, por fin, ser feliz. ¿Quién es él? Pues un personaje a la medida de los sueños de esta heroína, guapo, honesto, con dinero (hecho por propia mano o heredado), que la ama sin reservas y no hace más que desear llegar con ella altar…
Alto ahí. Ni un paso más.
De primer momento podríamos decir que los melodramas televisados son un universo femenino donde todo se entreteje a la medida de los sueños de las mujeres, las heroínas son el ideal al que todas aspiran y su galán el hombre de los sueños de cualquiera de las espectadoras. Desde donde yo lo veo, es justamente al contrario, las telenovelas son mundos donde se repite una y dos millones de veces que la vida de una mujer tiene sentido por el hombre al que puede ser capaz de tener a su lado. Mirado así, la vida de una protagonista de telenovela tiene fin y sentido solamente por el hombre al que consigue. ¿Dónde está ella como mujer entonces? ¿Es amor lo que en realidad la impulsa a buscar a ese hombre? ¿La boda es en realidad el clímax de una historia de amor? Para responder a estas y algunas otras preguntas llamaré a escena a Fernando Gaytán junto con sus sus personajes femeninos (además de traer a colación a Lety si es preciso) y así desarrollar esta última parte de la reflexión sobre las protagónicas de telenovela.

¿Quién podría apegarse mejor al canon amoroso de melodrama? Marcela-Marcia. Ella es la niña bonita, con dinero, con talento para su negocio y con el novio perfecto, joven, guapo, cotizado que recién acaba de obtener la presidencia de su empresa y también recién le ha pedido matrimonio. Maravilloso, tiene todo lo que la teoría telenovelera dice es necesario para ser feliz, ¿y Marcela lo es? No. La vida de esta mujer tiene de todo menos alegría y sosiego. Todas sus acciones penden de un hilo: ha fincado su felicidad en su pareja y ¿¡qué pareja?!.
De nuevo aquí Gaytán exhibe la cara oculta del patrón. Esta mujer no es nadie por ella misma, y lo más doloroso, no sabe dónde está el problema porque, según ve las cosas, ella ha hecho todo bien. Marcela-Marcia está segura de que el problema es Armando-Fernando y cree que la manera de enfrentar la situación es primero, demostrarle que es capaz de pillarlo en sus errores y en sus mentiras; y después, perdonarlo siempre. Nada más equivocado, ese camino sólo lleva a la pareja a un círculo vicioso de ‘gato-ratón’ donde todo se vuelve sospecha, disimulo, desconfianza eterna y vaivenes entre pleitos y reconciliaciones superficiales. ¿Porqué superficiales? Porque ambos juegan para sostener lo insostenible, una supuesta relación amorosa que no contiene nada de amor.
Así las cosas, para Marcia-Marcela el enemigo (complemento del problema) son las otras mujeres. Las telenovelas tradicionales nos dicen que hay mujeres buenas y malas que se enfrentan siempre, con el triunfo de las bellas e inocentes heroínas de la historia. Las mujeres malvadas son la perdición (en todos los sentidos) y, una vez descubiertas y desactivadas, reciben su castigo al final de la historia. Marcela se asume a sí misma como la buena, fiel y entregada mujer que no hace sino ver por la felicidad de su prometido y mira a todas las que se acercan a él (o a las que él busca, mejor dicho) como malas mujeres que sólo quieren quitarle a su futuro marido.
Nada más equivocado. Y para muestra, Betty-Lety. Llega a la vida de Armando-Fernando para trabajar con él y poco a poco con sensibilidad, sensatez y cariño aprende a mirar a ese hombre, a sentirlo y a presentirlo. Y estoy hablando sólo de la relación laboral pues es la primera que ambos construyen. En pocos días logra construir mucho más entendimiento entre ella y su jefe que el que hay entre él y su prometida ¿eso la hace una ‘mala mujer’? Claro que no. Para Marcia sobretodo, la tragedia es grande, lleva toda su vida viviendo con Fernando y le es imposible acercarse a él, podrán estar a unos meses de la boda pero no lo conoce y no tiene idea de lo que es capaz. Al destaparse el estado de la empresa y la relación clandestina con Lety, Marcia se percata de que no sabe a quién tenía durmiendo a su lado. Se enfrenta con una realidad atroz y comienza a reflexionar… tuvo que recibir esa traición para darse cuenta de que ella también había errado el camino y de que había creído tener al príncipe de sus sueños en cuando en realidad se había enamorado de la fachada que escondía a un monstruo (tal vez suene algo fuerte pero acuérdense de Armando-Fernando al principio de la historia, cuando trama la trampa para Betty-Lety, todas las veces que se burlaba de ella, sus planes de boda sin amor, el pánico al papá y a perder la empresa con las consecuencias que eso tuvo, etc., etc., etc.,).
Además, al saber de la relación de su prometido y la fea asistente, Marcela-Marcia puede percatarse de que Lety también es una víctima no su enemiga. Llevaba meses enfrentándose a ella, enfocando hacia ella todo su rencor, su frustración y acusándola de ser la causa de su infelicidad para venir a darse cuenta de que a esa “horrible mujer”  también la habían utilizado y engañado cruelmente. Se da cuenta de que ella y Lety están más cerca de lo que parece. Si bien de un día para otro nada cambia y su actitud con Lety sigue siendo muy hostil ya se ha percatado de que las cosas no son como ella las creía, ni como las imaginaba… y comienza a transformar su forma de percibir el mundo y al final, transformará también sus actitudes hacia los demás.

Por otro lado, ¿qué hay del primer amor de Betty-Lety y Armando-Fernando? ¿Es amor en todos sentidos? Tengo mis dudas. Inclusive, creo que la intención de Gaytán es mostrar eso, que un amor construido sobre bases falsas lleva a infelicidad y destrucción. Trataré de explicarme: la historia de amor de los protagonistas nació sobre una perversión: el engaño de él. Además, fue alimentada por una consecuencia de la falta de malicia de ella: Betty-Lety idealizó por completo a su pareja. Primero, él cree que puede jugar a amar y que no puede enamorarse de una mujer de apariencia fea, ironías de la vida, porque de sobra sabemos lo que sucedió. Después, vemos cómo ella escribe en su diario que él es un hombre honesto y sincero cuando la relación de ambos era clandestina (deshonesta pues) y ni qué decir de las maniobras empresariales.
Hay algo más, Leticia y Fernando mientras se miran a los ojos en Cuernavaca piensan el uno en el otro y expresan cosas muy reveladoras. Esta parte es “Hecha en México” y tiene grandes aciertos pero están dos frases que me parecen fundamentales: ella dice para sí “…lo amo más que a mí misma” mientras el piensa “me da tanta paz y es por la belleza que lleva en el alma, mientras que yo me siento tan vacío”.  Lety habla de que no se siente capaz de amarse por lo que es y por como es, se quiere un poco pero tiene por encima de sí ese amor que ha construido para Don Fernando, por eso ha accedido a todo en lo sentimental y en lo profesional. Ha faltado a sus principios, se ha olvidado de sí misma y cuando decide decir la verdad sabe que no sólo delatará a Fer, también exhibirá terrible verdad. Fernando, por su parte, también trae lo suyo, se siente vacío, incapaz de encontrar sosiego ni sostén en sí mismo y por ello se apoya en Leticia para salir adelante, esa paz que ha descubierto está fuera de él y por eso, cuando ella desaparece, se desquicia y derrumba.
Ambos tienen carencias afectivas muy grandes y, con ellas a cuestas, han enfrentado la vida lo mejor que han podido. Al conocerse, los dos también encuentran en el otro una forma de completar esos huecos dolorosos del pasado. Muchos dirán que eso es el amor de pareja, dos personas que se unen y se complementan para bien y para mal sin embargo, creo que la propuesta de Gaytán (y que aquí estaba muy clara para el guionista de LFMB) es que el amor de verdad sólo puede ser pleno cuando las personas que integran la pareja están completas, cuando saben quiénes son, cuando aceptan se aceptan y aceptan al otro tal cual es y están preparados para amar. Por eso, el episodio de Cuernavaca es maravilloso pero es también el preludio de una gran tormenta.
Ojo, no estoy diciendo que Lety y Fernando no se amaran, de hecho ambos aprenden cómo es eso de amor al ir descubriéndose mutuamente. A los dos les cambia la vida al involucrarse sentimentalmente. Es más, desde donde yo lo veo es Armando-Fernando, pero sobre todo Fer quien primero comprende a cabalidad de lo que se trata, prueba a sorbos la plenitud de estar junto a una mujer, “muy mujer” como le llama a Lety y comienza a cuestionarse toda su vida a raíz de esa historia oculta con su asistente. Porque el amor también es cuestionamiento y una vía de crecimiento personal, cuando menos para Gaytán. Cuánto cambia Betty del inicio de la trama al final de ésta, cuánto más cambia Armando y el tamaño de decisiones que deben tomar cada uno por su cuenta a raíz de las consecuencias de esta primer relación fallida (y del fracaso empresarial, claro)… No puedo decir lo mismo de Lety porque se quedó estancada a la mitad de la historia y desde entonces no sólo no ha crecido, considero que, como decía MAGUISON en su comentario, involucionó. En cuanto a Fernando, apenas sucedió lo de la junta de Comité, su cabeza y corazón se aclararon para comenzar un camino casi directo a reconstruirse y lo logró.
De pronto la separación de la playa y la situación de la empresa cuando Betty-Lety vuelve pueden resultar desesperantes, el espectador sabe que ambos se aman, se desean, quieren reencontrarse con el otro pero las cosas no se recomponen. Ella impone una distancia férrea e impenetrable, distancia que se prolonga hasta el momento en que Armando-Fernando, desesperado, lee el diario de su amada (esta lectura es una vuelta de tuerca magistral pues implica un acercamiento muy fuerte, íntimo y desgarrador). Como dije, esta separación puede parecer terrible sin embargo, como está planteada la trama original, el tiempo en que están alejados sirve para que tanto Beatriz como Armando (aquí si hablo sólo de ellos porque para Lety-Fer las cosas no son igual) sepan bien quiénes son, salden cuentas con la vida y puedan aquilatar lo que hubo entre ellos y para entonces, habiéndose transformado internamente para bien y recuperado la confianza mutua vía Marcela, puedan recomenzar una historia de amor pleno. La definitiva.

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No se si lo que Gaytán propone sea calca de la realidad. Simplemente estoy convencida de que, en el imaginario contemporáneo, el amor no es un acercamiento de dos por medio de idealizaciones; ni un asunto donde uno rescata al otro mágicamente de su vida trágica; ni un calvario donde los malos impiden la unión de la pareja; y mucho menos asunto de olvidarse de uno mismo para que el otro haga, viva y sea… La mujer que ama no es una extensión de un hombre, ni llega a la vida de éste para estar detrás muy por el contrario, hoy en día parece que esto del amor es un asunto compartido, de dos que se aceptan y aceptan al otro, donde ambos deciden y asumen las consecuencias de sus decisiones y amar es… cuestionarse y hasta trascenderse a uno mismo, en una palabra, CRECER.

(Febrero de 2007)

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