Las hermosuras de una telenovela “Fea”.

Una telenovela es una representación escénica. Si bien carece de un escenario tradicional con telones y proscenio y la audiencia nunca se coloca codo con codo a presenciar el espectáculo, es una ficción representada por actores, en ocasiones acompañada de cantos, musicalizada y colocada frente a los ojos de su audiencia a través de la televisión. Su realización tiene sus propios requerimientos, por ejemplo, que su grabación es en partes y sólo hasta que se llega a edición se ‘arma’ la secuencia de acontecimientos tal cual los verá el público pero en esencia es como el teatro.

Así como el elenco es fundamental en todo melodrama, el director de escena constituye la médula del mismo. Su trabajo no se ve jamás mientras es realizado, lo único que el público puede constatar son los resultados del mismo, y sin embargo, un director de escena es ominipresente. Uno de los más grandes aciertos de La fea más bella fue la contratación de Don Sergio Jiménez (q.e.p.d.) para dirigirla pues sin él, el proyecto no habría logrado la calidad actoral y los matices escénicos que llegó a tener en algunos capítulos.
Por un lado, muchas veces se dice que es más fácil hacer llorar que hacer reír ¿pero qué pasa si tienes una historia donde cuentas cosas tristes a través de la comedia? ¿no es eso difícil entre lo ya difícil? Los griegos definieron a la tragedia y la comedia como los dos géneros fundamentales de representación. Ambos buscaban la catarsis y la purificación del alma aunque con recursos opuestos; el uno llamaba al llanto mientras que el otro a la risa. Con el correr del tiempo nacieron diversas derivaciones de ambas propuestas escénicas, la tragicomedia por ejemplo. Las telenovelas desde sus inicios se acogieron a la tragedia pero a últimas fechas se han dado diversas producciones donde se busca innovar y hacer reír. Una de ellas, Betty, la fea y, por consecuencia, su adaptación mexicana La Fea más bella.
Por el otro, si hiciéramos una metáfora musical, podríamos decir que la telenovela original no es una sinfonía clásica, es un concierto de jazz. El jazz es hecho por los músicos que conocen perfectamente las reglas musicales y las transgreden a voluntad. Eso fue lo que hizo Gaitán con su Betty…, de otra forma no se entiende que el argumento original de nuestra historia plantee que para contar la trágica historia de la heroína fea, el camino sea la comedia. Ahora bien, la comedia en sí no es una sucesión de chistes que buscan la risa fácil, la comedia busca destacar los rasgos más terribles, menos dignos y más difíciles de aceptar de los personajes y de las situaciones para, haciéndonos reír con ellos, lograr que los comprendamos mejor gracias a ese espejo distorsionado que nos ofrece.
Este es el planteamiento de Gaytán, con él trabajaron los adaptadores mexicanos y para Don Sergio Jiménez estaba clarísimo. Él sabe bien de lo que se trata tanto la comedia como la tragedia, hizo mucho teatro, sabía mucho de cultura griega y tenía bastante experiencia como director de escena tanto en obras serias como en comedias. Don Sergio sabía bien de qué se trataba esta telenovela y cómo dirigirla para lograr que el binomio comedia-tragedia lograra empatía en los espectadores, para lograr identificación con la heroína, para que nos resultaran verosímiles las situaciones y para que el mensaje intrínseco de la historia se fuera permeando en cada escena.

Podría poner miles de ejemplos de esto pero sólo quiero enfocarme en algunos aspectos, a mi parecer, los más notables.

El primero de ellos, la manera de “afinar” la orquesta en la que se convertiría el elenco de la telenovela. Para Don Sergio, los actores eran como instrumentos de un gran ensamble que produciría una especie de concierto en entregas diarias. Él hacía metáforas musicales sobre el trabajo de los actores, por ejemplo, a Luis Manuel Ávila le llegó a llamar “Stradivarius”… (¡Ahí nomás!) y estas metáforas pueden dejarnos ver lo que sucedía en la mente del director de escena al estar planeando lo que iba a pedir a cada actor en cada participación.
Desde donde yo lo veo, Don Sergio al principio planteó dos ensambles de instrumentos. El primero, pequeño, íntimo y sumamente cálido: el mundo de Lety, sus padres y su amigo; el segundo, amplio, público y vertiginoso: Conceptos, el mundo de Fernando. La telenovela inicia con estos dos mundos corriendo en paralelo hasta que finalmente chocan cuando ella pide trabajo en la casa productora. El contraste es impresionante. Lety es una persona perfectamente aceptada en su entorno, donde la conocen y la quieren tal cual es pero al enfrentarse a Conceptos de pronto parece como si hubiera llegado de otra galaxia a irrumpir en la vida de esa empresa.
La de Lety es una irrupción por dónde se le vea. Está decidida a trabajar ahí y está decidida a ascender porque se sabe con la capacidad de hacerlo. Si arriba dijimos que esta telenovela puede ser vista como un concierto de jazz, en la dirección escénica el personaje protagónico femenino fue planteado para llevar la melodía por medio de las notas más discordantes. Leticia, con su lenguaje corporal y facial, llama la atención de todos en la empresa y coloca las cosas en otra perspectiva, destaca la mezquindad y la superficialidad de la gente de la casa productora, características que sólo se pueden notar a cabalidad cuando Lety los enfrenta. Esa gente no es capaz de ver más allá de la fachada y se deleita burlándose de “la feísima” nueva secretaria de presidencia pero al creerse superiores a ella, en realidad exhiben su vacío interior, el cual también contrasta enormemente con ese corazón inmenso y vasto de Leticia Padilla Solís, ese que nosotros sí vemos en sus sueños, en su manera de ver las cosas y, sobre todo, cuando escribe su diario.
Esa primera Leticia con su gestualidad tan peculiar, con cada una de sus decisiones, pero sobre todo, con sus emociones a flor de piel es la que proporciona las claves por medio de las cuales hemos de leer la historia. Es ella a la que todos buscamos siempre, a la cual necesitamos ver y sentir para palpar cada acontecimiento. También es ella quien marca gran parte del ritmo de los capítulos.

Segundo. Una representación cómica se sirve de mucho más que sólo los parlamentos para hacer reír. El ritmo de las escenas es fundamental, pues de él depende que nos riamos de un cúmulo de acciones y/o frases o la risa nos brote de un silencio o de una súbita quietud. Lety, con sus vaivenes entre aceleres, calmas y reflexiones nos va dando la pauta para reír pero también para entristecernos y hasta para pensar. Todos estos matices son imposibles de lograrlos con una actriz que jamás haya hecho teatro o con una novata que por muy intuitiva que sea, le falte dominio de la escena. Leticia era un personaje para una señora Actriz, y la Vale lo es. Por eso es casi imposible imaginarse a otra actriz detrás de esos lentes. En lo particular, no creo que otra me hubiera hecho carcajearme como ella cuando su aventura con Fernando en el supermercado, pero tampoco creo que ninguna otra hubiera logrado que se me estrujara el corazón cuando le dice a Carolina y después a Tomás: “Me mataron…”.
Claro que no todo el mérito es de Lety-Angélica, el resto del elenco comenzando por Fermando-Camil también hicieron lo suyo, de otra forma jamás nos hubiéramos creído la reivindicación del Lic. Mendiola. El argumento se la pone muy difícil porque este personaje pasa la primera parte de la historia de error en error. Llega un momento en que tiene cuentas pendientes con todo el mundo y aún así, ni deja de reír (y hacernos reír con él), ni de sorprendernos porque nos hizo partícipes de su resurrección. Fernando nos cuenta entre risas su tragedia y sin ser moralino hasta nos da una lección de vida como cuando le dice a Paula María: “La mentira es un pecado que se paga muy, pero muy caro…” Es una sola frase y Fernando está al borde de las lágrimas (y de la locura, de paso), pero con esas palabras nos deja en claro que, para él, las consecuencias de mentir han sido atroces, que se está quemando por dentro y parece que nada lo sacará de ese infierno que se labró por propia mano.

Tercero y último. Quien escribió la primera adaptación trazó un telón de fondo para sostener su libreto, sí, había trasfondo para los primeros escritores de LFMB. Me refiero a que todos los personajes y situaciones se trazaron sobre un binomio luz-sombra donde los protagónicos eran los dos extremos del espectro: Leticia la luz y Fernando, la oscuridad. Y a lo largo de la trama, una vez enamorados, ambos encontrarían un camino compartido hacia la luz, la verdad y la felicidad. Podría escribir hojas enteras con ejemplos como las innumerables referencias a la luz y a la oscuridad de Lety y de Fernando, o las iluminación y vestuario de ciertas escenas pero sólo anotaré aquí dos que me parecen clarísimos.
El primero. Es la noche previa a la junta de Comité y Lety se acaba de despedir de Fernando, pide el ascensor y cuando entra en él se apagan las luces del piso, la única luz que queda es la del interior del elevador y ésta se apaga conforme sus puertas se cierran. Leticia se irá de Conceptos y con ella se irá la luz y la vida de la empresa, ella era el alma de ese lugar pero está por dejar ese lugar y la imagen nos deja ver la situación de oscuridad en la que se sumirá la empresa con su partida. Luz y vida que regresarán hasta que ella vuelva.
El segundo: Fernando y Leticia miran el amanecer en Tepoztlán luego de haberse reconciliado y él le dice a ella: “es como si amaneciera en nuestras vidas, ¿verdad?” Con el perdón, el beso frente a Celso y la confianza recuperada, esa pareja ha trascendido la oscuridad de la relación clandestina, nocturna y llena de engaños del principio. Estoy segura de que esas escenas pertenecen a la adaptación primera y que, a partir de ahí, lo que seguía era la recuperación cabal de Conceptos y la boda de Lety y Fer porque por más que Marcia lloraba en su apartamento con el nombre de Fernando en la boca y por mucho que Aldo soñara con Leticia, ninguno lograba llamar a la distancia al ser amado (como Fernando lograba perturbar a Lety cuando ella estaba en Acapulco). El destino estaba sellado, Fernando y Leticia ahora sí compartían el camino de la luz y nada podría separarlos…….. claro, salvo un alargue más a pedido de la televisora.

Contrariamente a lo que he escuchado decir a RO, a los actores de LFMB y a Televisa, yo pienso que el éxito de La Fea más bella no estuvo en la gestualidad de Lety, ni en la sucesión de escenas cómicas y tampoco en el dilema Fernando-Aldo. En verdad dudo mucho que todos los espectadores de TV recorran la programación buscando un programa donde haya muchos chistes para así evadir su realidad. Desde mi perspectiva, el argumento y el binomio actores-director de escena fueron la clave. Por un lado, la adaptación original tiene cosas verdaderamente magistrales, no sólo en los parlamentos sino de lenguaje visual y dirección de cámaras; y por el otro, ese equipo de trabajo logró encontrar el equilibro entre risa y  llanto, logró saber cuándo ir vertiginosamente, cuándo parar, cuándo reír sutilmente, cuándo dejar salir una carcajada, cuándo llorar y con qué intensidad… y así contarnos noche a noche la triste historia de la fea Leticia, haciéndonos reír, llorar y, porqué no, hasta pensar un poco junto con cada una de sus aventuras.

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