Una carta a Televisa: mis impresiones luego de la Expoferia Gastronómica.

Todo iba relativamente bien.

Después de su regreso a Conceptos, la noche del lanzamiento del proyecto con el que Leticia salvaría a la casa productora es el momento más importante de la telenovela. Es el momento de la justicia para la protagonista, nada más y nada menos, el espacio donde se le retribuye con felicidad todo el sufrimiento y todos los fracasos anteriores. Es crucial.

Lamentablemente, en “La Fea más bella” ese proyecto salvador de la empresa, llamado ‘Turismo Gastronómico’ no es del todo creación de Leticia pues Aldo posee el concepto madre y ella misma le pide a su “amigo” respaldarla en todo momento, lo cual provoca dos cosas: la primera, que ella no pueda brillar por sí misma como la presidenta de Conceptos; y la segunda, que no tenga una independencia cabal de pensamiento y de sentimientos pues Aldo es quien vive proporcionándole la clave para interpretar los sucesos de esa nueva etapa de su vida.
Tal parece que la primera intención de tener a Aldo tan cerca de Lety es provocar que Fernando pague con mucho más dolor su traición. Hacerlo arder de celos y desesperación y llevarlo a cometer locuras desatadas por la impotencia que siente ante el nuevo rumbo que han tomado las cosas, rumbo que es incapaz de asir y mucho menos de controlar. Si bien no se resigna pues ama a Lety con todo su ser, cada instante parece confirmar que la perdió definitivamente, eso lo quema y consume lentamente día a día.
Fernando se va perdiendo en el desamor, cada vez está más confundido en sus propias sombras. Sin embargo, al tratar de enfatizar que Aldo es radicalmente opuesto a él exageraron en la generosidad que despliega y en la admiración que despierta. Comenzó relativamente bien pero, al hacerlo participar de todas las situaciones de Conceptos, y al pretender que toooodo le resulte bien,  ha resultado una especie de ser omnipresente que se va acomodando a cada situación y que llega a contradicciones sustanciales. Ejemplo: Se refiere a Fernando como un ser humano merecedor de respeto mientras que habla a sus espaldas de cuánto lo exaspera y llega a extremos de humillarlo públicamente.  Por si fuera poco, hay algo más grave, le ceden a este personaje parte de las batallas que Leticia debe librar antes de lograr el éxito que la llevará a la cumbre y eso atenta contra la esencia de la trama de Gaytán.
Así, Leticia llega a la sombra de Aldo a la Expo-feria Gastronómica y el que iba a ser su evento se desdibuja por este error de fondo y por otros errores de forma que, ya acumulados, hacen pensar que los adaptadores no tienen del todo claro los significados profundos de la historia de Lety, la fea mexicana.
La Expo-feria debío haber sido un evento sumamente luminoso, lleno de fiesta, de folklor, de colorido y de sabor. Debió mostrar lo mismo platillos mexicanos que bailes regionales y debió dejar ver que México está hecho de la calidez de su gente, la autenticidad de su comida, de su alma alegre, acogedora y festiva. Pero todo se redujo a comerciales de productos alimenticios y a un ir y venir de gente entre mantas promocionales y muchos stands de comida que no fueron ni explicados claramente ni detallados visualmente siquiera.
Mientras tanto, Luigi quiere sabotear el evento ¡¡¡¡por el desamor de Aldo!!!! y no por su antagonismo de origen con Leticia como debía ser. Luigi no ha logrado transmitir con la fuerza suficiente su conflicto con Leticia. En fin, esa noche comienza por decirle a Lety que piense tres veces si va a inaugurar la Expo pues su fealdad no es buena carta de presentación ante empresarios y prensa internacional. Entonces aparece una luz pues Fernando le ofrece a Lety un cúmulo de razones por las cuales ella debe y merece dar el discurso inaugural; le recuerda quién es y lo que ha logrado con su esfuerzo además de pedirle que no crea en nadie mas que en ella misma -y de pasada reiterarle su amor-.
Tal vez financieramente y en términos de imagen la campaña será un éxito pero desgraciadamente, el discurso inaugural de Leticia resulta un fiasco. Aparece muy nerviosa y cede la palabra a Aldo, “el alma del proyecto”, quien pronuncia las palabras introductorias reales. Leticia queda detrás de su “amigo” y sólo sirve de presentadora. Luego Luigi cambia a sus hermosas bailarinas por el Cuartel para el espectáculo principal e inexplicablemente el insulso numerito gusta a la audiencia. Pero eso no es todo, el extremo del absurdo llega cuando Lety aparece bailando a su peculiar manera y con ello se cierra el espectáculo. El público aplaude de pie y Lety se dice feliz por ese éxito.
¿Dónde está esa mujer inteligente, luminosa y auténtica que por fin es aceptada tal cual es y admirada por todos? Yo jamás la vi, e inclusive, me sentí ofendida porque ese supuesto éxito de Leticia es un fraude. Nunca vi a una mujer admirable, vi a una payasa de circo. No importa cuán emocionado parece Don Fernando al felicitarla, ni las palabras de Carla, ni las congratulaciones de Don Humberto, ni siquiera las de Marcia. Todo está sostenido en un hechizo y en una mujer que no ha sido capaz de dejar de ser la sombra de un hombre. Eso tal vez es lo más grave de todo, pues Beatriz sin presumir de ser una mujer independiente, en los hechos lo era. Leticia dijo muchas veces que había cambiado y ahora sabía lo que valía pero no ha dejado de depender de la aprobación y afecto de un hombre para seguir con su vida.
A Don Fernando se le puede acusar de haber sido un manipulador que no dejaba a Leticia moverse más allá de sí mismo. A Aldo tal vez ni siquiera es posible acusarlo de sobreproteger a la misma Leticia porque es ella quien ha optado por acogerse a su presencia, por ponerlo por delante de ella, por recurrir a él para todo. Cuando Fernando habla con Leticia y la anima a ser ella quien inaugure la Expo es Aldo quien le dice cómo debe interpretar eso que tuvo frente a sí. Es él quien avala la sinceridad de Fernando y eso es ya demasiado porque entonces Leticia no es capaz ni de pensar ni de sentir por su cuenta. ¿Quién protagoniza la telenovela entonces? ¿La fea más bella o El guapo que vino del mar?
Si me pregunto esto creo que los adaptadores han llevado la historia a contradicciones de fondo que tal vez no logren resolver jamás. Y es una pena haber arruinado con ellas una telenovela que lograba hacer reflexionar. Ojalá por lo menos respeten las escenas de la telenovela original aunque se diluyan entre todo este absurdo decepcionante que han creado.

Tan bien que iban.

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One Reply to “Una carta a Televisa: mis impresiones luego de la Expoferia Gastronómica.”

  1. Lo que más me ha dolido fue, seguramente, la presencia innecesaria de Aldo en la escena de Leticia y Fernando “el ánimo”.

    Creo que hubo una mala resolución de la toma de escenas. ¿A qué me refiero con esto? A que si la intención era que Aldo atestiguara el momento, escuchando las palabras con que Fernando animaba a su “hermosa” fea, no hacía falta que el público lo viera. Bien pudieron haber girado la cámara cuando Fernando sale por la puerta, con un tono de suspenso, como cuando los antagonistas escuchan el gran secreto de los buenos con el que van a valerse para hundirlos. Finalmente ¿no es eso Aldo? Aldo no es más ni menos que el antagonista que hunde al bueno Fernando. ¿Por qué no regalarle a la audiencia aquella intimidad que Ribero bordó en YSBLF poniendo a Beatriz y Armando en un pasillo del recinto, por donde aunque pasaba mucha gente ellos parecían estar a solas? Aquí, que Leticia y Fernando se pusieron “de acuerdo” tras tanto tiempo (la última vez fue en la conciliación con el juez, antes que Aldo pusiese un pie en la casa productora) aunque sea para ir a un cuarto, también allí está de por medio Aldo.
    Vemos muy bien la macabra intención del chef: valerse de las palabras que Fernando exprese para acarrear agua a su molino una vez más. Leticia, vulnerable, incluso ha abandonado por un rato al “Señor Fernando” para envolver su tono con la ternura del “Don Fernando”, y si no fuera que Aldo le salió al cruce, Leticia se hubiera dejado inundar reconfortándose con ese ánimo genuino, sincero de Fernando, ese Fernando al que luego dice ni siquiera “creerle el saludo…”

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