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Archive for the ‘Televisión’ Category

Renacer… ha retomado su curso y por ello, les dejo aquí a las lectoras/seguidoras de esta historia material extra que puede ayudarles a situarse un poco más en los últimos capítulos.

Esta entrada tiene qué ver con los cuatro capítulos llamados: Homenaje. En ellos hay descripciones de ropa, escenografía y música inspirados en algunas realidades, las cuales dan cabida a los sucesos de esta ficción.

Primero, una visualización muy cercana del vestido de la protagonista. Claro que en lugar de pantalón es falda larga, pero esta imagen proporciona una idea muy cercana a lo que estaba pensando al vestir a Leticia para esa noche:inspiracion-vestidonocheba

A continuación, algunas imágenes del interior del Palacio de Bellas Artes, donde tienen lugar estos capítulos.

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Por último, aunque no por ello menos importante, el video del cual me inspiré para tejer toda la parte de El triste.


Aquí algunos detalles sobre el Cap. 91: RICORDAMI.

La tienda donde Leticia compra los regalos para Julieta y Fernando es esta, es una empresa mexicana real: Pineda Covalín.

Y aquí los links a la música que alude el capítulo:

Ricordami

Grande amore

Conforme el avanzar de los episodios, iré aderezando el contenido escrito por este medio por lo pronto…

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Fernando Mendiola es un personaje caleidoscópico. Sus facetas son múltiples, puede ser visto desde muy diversos ángulos y aquí me aventuro a explorar uno de ellos, el cual inicio con una pregunta: ¿puede Fernando Mendiola ser visto como un Dr. Fausto contemporáneo?

Johannes Fausto es un personaje de leyenda, vivió, pero lo que se cuenta de él es lo que hoy por hoy sigue renovándose y permitiéndonos hacer este tipo de ensayos y refractarlo hacia un personaje como Fernando Mendiola.
Fausto -según cuentan los que cuentan, diría la ilustre Juanita- era un alquimista, un mago, un hombre que entendía la vida desde la visión del transformador de realidades. ¿Y Fernando? ¿No es acaso un hacedor de nuevas realidades? La publicidad puede ser tildada de vana, de irreal, de fantasiosa pero, ¿no constituye la posibilidad de mirar el mundo de otra forma?, ¿de recrearlo para darle nueva vida? Mejor aún cuando se trabaja en una casa productora, ahí las propuestas publicitarias toman forma de anuncios, se vuelven duración, se hacen factibles de ser expuestas a millones de miradas, las cuales podrán ver aquello y tal vez olvidarlo al segundo siguiente o podrán recordarlo el resto de sus vidas, pero ya estuvieron expuestos al “hechizo”, ya fueron tocadas por sus influjos.
Fernando no solo trabaja haciendo magia en forma de anuncios. Tal cual lleva su vida, se trata de un hombre de miles de ángulos, vasto, sumamente contradictorio pero avasallador. Fernando Mendiola es un experto en supervivencia y puede voltear cualquier marcador a su favor, tan es así que logra mantener la fachada de una empresa saludable cuando la realidad implicaba una quiebra estrepitosa. Sólo un mago que se respete puede hacer algo así. Claro, esto es mérito de la pluma original, de un Gaitán quien creó a Armando Mendoza para presidir su Ecomoda y antes había escrito a un Iván Vallejo quien arruinaba cuanto tocaba, pero era capaz de salir a flote y de aparentar buena salud cuando podrido estaba por dentro desde el inicio de su Café…

Tal vez la parte más emblemática de Fausto es su pacto con el diablo. Un pacto de sangre, un pacto que le daba poder ilimitado y vida nueva, además de poseer a Gretchen, en quien estaban condensados el deseo y el amor para el Doctor. De primera instancia se podría pensar, aquí no hay sangre de por medio y tampoco la aparición de ningún demonio pero: ¿quién es Mario Calderón para Armando Mendoza, el personaje del cual nació Fernando? ¿Qué tan cruel, tan inhumano, despiadado y calculador se debe ser para emparentar con el demonio? Una de las características de los pactos con las fuerzas del mal era ser ENEMIGO de todos los hombres. ¿No puede Mario poseer esta “cualidad’? Él no era amigo de nadie, veía por sí mismo y si ello implicaba involucrar a Armando en un delito, como lo fue la trampa a Betty, a él qué, tan es así que con una sonrisa enorme en los labios se despide de su “amigo” señalando a las mujeres: …son el infierno, y el infierno de ellas, es usted.” Para luego desaparecer exultante de dicha tras las dos hojas del elevador del piso directivo de Ecomoda, el cual tal vez lo descendería al averno del cual salió.

Omar Carvajal vendría a ser un diablillo bastante menor, desde mi percepción es como el famulus bajo la tutela de Johannes Fausto, en retaguardia siempre aunque agazapado desde ahí para tramar conjuros. Igual propone a Fernando un pacto no de sangre pero sí de falso amor. Un hechizo de engaño para una mujer en la cual Fernando sólo mira cualidades ¿no es Lety para él un ángel? ¿no representa la bondad extrema? Las imágenes con las cuales Fernando Mendiola describe a su amada son las de la mujer inocente, casta, recubiertas de su fealdad pero también de su abrigo, de su dulzura, de su lealtad a él. Si bien este pacto no involucra sangre, considerada la fuerza vital en tiempos del Fausto de carne y hueso; sí involucra el AMOR, el dador de vida más poderoso en el imaginario contemporáneo. El pacto involucra jugar a amar y terminado el juego Fernando debería regresar a su vida de antes. Sin embargo, él encuentra el amor de verdad en Lety y todo se transforma…
Un pacto delictuoso como el que Fernando fue capaz de ejecutar evoca pactos en los cuales el ser humano involucrado en ellos descendía a las profundidades, de cierta manera muere para volver a nacer. Fernando Mendiola, al ser descubierto, haberse enamorado y quedar expuesto ante los suyos cae en una espiral de terrible descenso, la cual, a punto está de llevárselo al otro mundo. Faltó poco… pero no sucede, y luego de eso, este protagónico de telenovela inicia una lenta pero contundente recuperación. Él como nadie sabe lo que es estar muerto en vida, lo que es sobrevivir al haber tocado las paredes del infierno y por eso, cuando se pone en pie, es más fuerte que todos y más generoso que nadie.
Desde el inicio, Gaitán planteó para su personaje original una pequeña rendija de salvación: el AMOR con él cual pretendía jugar. Con Armando hay miles de cosas ambiguas, discutibles, poco nítidas pero con Fernando las cosas son mucho más claras, con el aparentar amar, él comienza a conjugar el verbo de múltiples maneras, a ser amante, a mirarse amando y a sentir el amor de Leticia. Luego de eso, su vida nunca volvería a ser la misma por la sencilla razón de haberse aferrado al ese amor, a un amor que es vida y, en esta telenovela al menos, es capaz de conjurar al infierno y a la muerte.

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La lucha interna de Fernando Mendiola consigo mismo nos ha ocupado buen espacio de discusión de unas semanas a la fecha. Con la aportación de varias de las foristas hemos visto cómo eso que trae Fernando adentro es muy fuerte, tiene múltiples manifestaciones y se va desvelando entre líneas durante toda la telenovela.
Luego de leer las aportaciones de Luciana (en lafeamasbellaonline.tk) sobre la aparición de Eduardo en la trama me quedé dándole vueltas al asunto y llegué a un pensamiento: los dos mejores amigos de Fernando son las personificaciones de su lucha interna, una batalla campal entre el deber y el deseo.

De entrada, conocemos a Fernando acompañado de su inseparable Omar Carvajal porque la trama así los plantea pero con la llegada de Eduardo logramos poner en perspectiva tanto a Fernando como a su mundo pues Lalo propone una versión crítica de todo y nos ayuda a ver mejor cómo está planteado el protagónico de LFMB.
Omar representa el deber. Las obligaciones con la autoridad (para Fernando su papá, principalmente); el cumplimiento de los designios hasta de los difuntos de la familia (su boda con Marcia, el máximo deseo de Julio y Susy Villarroel); los compromisos con la empresa, con la Presidencia y esa eterna pugna con Ariel donde sólo se trata de ganar a costa de lo que sea, así el más afectado sea uno mismo…
Eduardo presenta el deseo. Trae consigo aires de libertad porque el deseo como fuerza de vida es eso, energía, vitalidad e imaginación; es incontenible, inasible, impredecible. Con Lalo comienza a escucharse la voz interna de Fernando (esa fascinación con la que describe cómo su amigo sí encontró el amor habla de su propia búsqueda hasta ese entonces fallida); él mismo comienza a dilucidar el precio tan grande que traerá venderle su alma al mundo; cómo no desea morirse por dentro a cambio de ser aceptado como hombre adulto y maduro por su familia y su prometida, etc., etc., etc.. Lalo siguió su propio camino y le está ofreciendo a Fernando el conocimiento de la posibilidad… conocer lo posible puede entonces transformarlo en sueño y de ahí, tal vez, en realidad.
Y así como Fernando por dentro lucha entre deber y deseo, Omar y Eduardo se confrontan en escena. Omar no tolera a Lalo y hace berriches, reproches, atosiga, amenaza. El Deber en millones de ocasiones se cumple bajo cohersión. Omar sabe que sólo por el lado de desvelarle a Fernando el infierno en que se convertiría su vida si no hace lo que “debe hacerse”, es como puede convencerlo, contenerlo, acallarlo… hacerlo seguir con los planes.
Lalo no procede así. Él conoce a Omar y no va a desenvolverse en sus terrenos. Eduardo propone otra vía, habla cara a cara con Fernando, le cuenta su experiencia, lo emociona y lo conmociona con su felicidad personal… con esa vida libre, sin ataduras; con esa amistad tan franca y tan alegre con el Cuartel al que dibuja; con la preciosa historia de Ingala, su mujer. Eduardo ofrece esperanza, luz, vida pero para llegar a esa felicidad uno ha de reflexionar, de saber qué se desea de la vida y entonces, actuar en consecuencia…
Porque el deseo es acción y el deber… para Fernando la muerte. Tan es así que sigue su “deber” y fracasa de todo a todo. Pero, afortunadamente para él, Eduardo apareció justo a tiempo, le permitió a Fernando dudar, preguntarse, darle cabida al deseo en su vida y perderse en Leticia para descubrirse vivo. Es más, de no haber sido así, tal vez la primer noche no habría ocurrido tal y como ocurrió ni habría desatado las consecuencias que desató tanto en Fernando como en Lety… me aventuro a decir. Ustedes dirán si -como decimos por acá en México- “voy bien o me regreso”.

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ÉRASE UNA VEZ…

En un lugar de trabajo, en una reunión de las millones que toman a lugar día a día en el mundo empresarial, érase una vez que ocurrió un encuentro cósmico. El universo conjugó sus movimientos para llevar a Leticia Padilla Solís al lugar donde su vida tomaría un rumbo definitivo: Conceptos, pero no sólo eso, su destino tenía nombre y cuerpo: Fernando Mendiola.
“Ese hombre te va a cambiar la vida y tú se la vas a cambiar a él” -le dirían los caracoles en voz de Juana tiempo después. Lo cierto es que sin ese primer choque, sin ese momento primigenio ninguna magia habría ocurrido. En ese instante dos completos extraños dejaron de serlo y comenzaron un rumbo conjunto, un rumbo hecho de cielo e infierno, de luz y de sombras. A lo largo de ese camino se transformarían radicalmente y aprenderían a saberse mucho más fuertes, más grandes y más poderosos de lo que imaginaban.
Tal vez nada de eso fueron capaces de prefigurar en el momento en que se miraron por primera vez, sin embargo, el impacto mutuo fue indiscutible. Ella entró a esa sala de juntas con la ilusión en la mirada y la sonrisa en el rostro, despidiendo por cada poro optimismo y autenticidad. Él la recibió con una seriedad autoimpuesta para esconder su impacto, era un maestro en el arte del disimulo y la fealdad externa de ella lo había dejado pasmado. Sin embargo, a pesar de sí mismo, cedió ante la sonrisa desbordada de ella, correspondió brevemente y a partir de ahí le pidió quedarse, en esa sala primero, en la empresa después y al final, en su corazón y en su vida.
Para ella no fue sorpresa verlo, sabía perfectamente a quién encontraría ahí, antes bien, estaba decidida a aprovechar al máximo ese encuentro y despliega todos sus encantos, los cuales resultan avasalladores al grado de opacar a la mismísima Marcia Villarroel quien se vuelve una especie de maniquí sonriente pero inerte, bellísima pero sin chispa, sin vida. Y vida despide Leticia, una vida encantadora, luminosa y generosa; sorprende y seduce a Humberto; le simpatiza a Fernando quien además se da cuenta de su inteligencia y capacidad de trabajo; descoloca por completo a Marcia quien no puede sino tratar de participar en un juego donde ha quedado fuera burlándose de la situación pues de pronto el fundador de la casa productora y su hijo parecen ser quienes están buscando el empleo… “Quiero a una mujer eficiente” -repetiría mil veces Fernando y con ese argumento la incorpora al trabajo sin sospechar siquiera que esa genio de las finanzas iba a ser la mujer de su vida: aquella quien le enseñaría que su corazón estaba vivo, ni más ni menos.
Ambos inician el camino desde perspectivas opuestas. Él, desde su doble mirada: Es fea pero tiene más cerebro que tú y que yo juntos (a Carvajal); es fea pero eficiente; es fea, feeea pero leal e incondicional… Ella, por su parte, vive todo desde su particular forma de involucrar el corazón en todo cuanto hace, -no por nada llegará a decir que su vida sentimental y laboral parecen ser una sola-: para Lety, Fernando es un galán de cine que traspasa la pantalla para volverse el protagonista de una película distinta, la que ella guioniza en sus sueños a ojos abiertos y cerrados… Luego, vía la trampa de seducción, quedarán uno a merced del otro para descubrir que él había nacido para ella, y ella, para él.
Este primer choque de miradas es el preludio de una larga historia, una historia luminosa y oscura a la vez, desgraciada y feliz a un tiempo; capaz de, a pesar de todo, materializar los sueños de una mujer maravillosa, “la fea más bella” y de Fernando Mendiola, el hombre quien la convertiría en “la dueña de su vida”.

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IX. UNA PELEA DESLAVADA.
Leticia llora. Fernando le saca con tirabuzón la razón: Aldo no le dijo toda la verdad con respecto a su viaje a Vallarta pues no mencionó a Carmina y ella se siente la mujer más infeliz del planeta.
– – – – –
Fernando, enojadísimo, sale de presidencia, agarra a Aldo por el cuello y comienza a jalonearlo. Así, sin darle tiempo de nada, no tiene porqué, Domenzaín quedó advertido desde mucho antes: si hacía sufrir a Lety, la cuenta se la cobraría Fernando. Él la dejó libre sin condiciones pero con Aldo si estableció una regla: felicidad eterna para Leticia. Esto es poco menos que imposible de lograr y más cuando Aldo querido opta por omitir información importante sobre una mujer que a Leticia nunca le ha dado buena espina.
La pelea como tal es bastante más una coreografía que un duelo a golpes. De hecho, ninguno de los rivales sale lastimado, si lo vemos comparativamente con el nivel de emotividad que guarda ahora la telenovela, de nuevo forma es fondo, este duelo es bastante ‘light’. Aun con eso, yo le encontré dos momentos interesantes, los cuales tienen más que ver con Lety que con Fernando y Aldo en sí.
Primero, ella va a separarlos y los encuentra en la misma posición en la que los abandonó durante la primer pelea que tuvieron, están hincados y con las manos en el cuello del rival, la diferencia es que aquí ella no sale huyendo, de alguna manera está retomando algo que dejó pendiente tiempo atrás. Así, Leticia los separa, los regaña y les hace ver que parecen niños chiquitos y no hombres arreglando un problema. Lo segundo es que como ellos manotean y se empujan con ella en medio sin siquiera mirarla, ella se percata de eso y lo expresa. Si a ellos sólo les importa su pelea y la damisela en cuestión es sólo un pretexto para avivar la rencilla, ella también toma postura, ¿qué les dice? “Mátense, si quieren.” Así, Leticia les deja en claro que el asunto es obvio, que ella en ese momento no importa en lo más mínimo por lo cual, se va a pensar en su situación que bastante falta le hace (o no se si a ella le hará falta, pero a mi si me está quedando a deber el despertar de su letargo, aunque tal vez verla decidida y segura de sí misma es un sueño mío jajaja).
Aldo y Fer siguen manoteando un rato más, se han quedado solos para terminar el encuentro. Algo está claro, el asunto va más allá de Lety, esos dos traen una historia propia desde tiempo atrás y tienen sus propios motivos para pelear, discutir y enfrentarse, aunque no resuelvan nada con la escaramuza…

X. CADA QUIEN SU VIDA: EL FINAL
Hacia el final de LFMB Aldo y Fernando sostienen una relación tirante y muy desgastante en la cual se agreden mutuamente cada vez que están juntos. El pretexto es Lety pero esa relación es mala por rutina. Así las cosas, Fernando vuelve a irse de Conceptos y Leticia admite frente a Aldo que lo sigue amando a pesar de todo. Entonces, Aldo desaparece súbitamente y deja en libertad a Leticia, libertad para ir y recuperar al amor de su vida. Los protagonistas finalmente llegan al altar.
El último encuentro entre Aldo y Fernando es en la Catedral de Monterrey, ya no es persona a persona sino que, ahí donde Fernando y Leticia están arrodillados para unir sus vidas en matrimonio, fue colocado un retrato de un ángel con armadura y lanza que ostenta el rostro de Aldo Domenzaín.
Tanto Fernando como Leticia sonríen al ver la pintura, se sienten agradecidos con él por haberse “hecho a un lado” y dejarlos vivir ese amor que nació entre ellos hacía tanto tiempo y que no había podido concretarse en boda (si es que la boda es la unívoca y verdadera concreción del amor, me permito ponerlo en tela de duda). Este último encuentro Fernando-Aldo está en el límite de lo surrealista. Una historia cotidiana hecha con personajes que hacían todo por parecer seres humanos y termina debiendo la unión de sus protagonistas a un pseudo-ángel elevado súbitamente a los altares.

Es el último movimiento conjunto de estos dos personajes, a partir de ahí, Fernando seguirá su vida al lado de Lety y Aldo hará lo propio en Acapulco cuidando de un niño pequeño al que ha salvado de morir ahogado en el mar… tan alegre y tan distante de aquellos dos que de pronto me surgen dos preguntas: la primera: ¿en verdad valió la pena tanto desgaste si las cosas iban a terminar así? y la segunda: ¿a todos los terceros en discordia que deciden dejar el camino libre al rival les van a poner una pintura en los altares donde se casen los beneficiarios de esa acción?

Este último fragmento es seco y escueto pero, sólo puedo decir en mi defensa que hacia el final de LFMB la emotividad se diluyó, la calidad general del melodrama se fue al piso y con ello toda la inspiración para analizar se desbarata. Sólo me resta decirles, mil gracias a quienes tuvieron la constancia de seguir y hasta comentar esta larga secuencia de reflexiones sobre Fer y Aldo.

FIN.

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VII.  TE PROPONGO UN PACTO.
Súbitamente Aldo toma la decisión de comprar la deuda de Conceptos vendiendo todas sus propiedades. Argumenta deseos de liberar a Lety de presión de la deuda y salvar a la empresa del remate. Ni todo el tiempo y regalos invertidos en Leticia le habían hecho merecer su amor, inclusive ella ya había dado a Fer su palabra de matrimonio. Al saber del gesto de Aldo y verlo irse derrotado, ella duda y Fernando la libera del compromiso para que ella pueda decidir.
– – – – – – –
Así las cosas, Aldo va a buscar a Fernando a su oficina, por primera vez es él quien busca a Fer. Fernando le dice que esa compra de la deuda en realidad le puso el pie en el cuello a él, es decir, para impresionar a Leticia tuvo que pisotearlo. Aldo se defiende diciendo que le dio mucha pena lo que “tuvo que hacer”, que no se siente orgulloso.
Como necesita reafirmarse a sí mismo el ser “el bueno” de la película, se le ocurre decir que mientras él es un hombre hecho y derecho a costa de los “golpes de la vida”,  Fer sólo es un niño rico que por inmaduro y mimado perdió la empresa familiar y, por supuesto, que no conoce el amor. Esta vez se equivoca rotundamente: en primera, con su “noble acción” consiguió ponerse en posición de dominación con respecto a todos en Conceptos así que puede pisotear a cualquiera ahí desde Ariel hasta a Celso, además, la vida de Fernando no fue sencilla por más que tuviera dinero y comodidades, y por último, Fer aclara que sabe bien lo que es el amor, lo aprendió de Leticia.
Fernando esta vez le desbarata a Domenzaín uno a uno de los argumentos de su discurso acartonado y falaz. Exhibe al “sabio y perceptivo” chef como un hombre que no es capaz de ver más allá de sí mismo. No sólo eso, le aclara a Aldo que no piensa perder a Lety y hasta le propone un pacto: ninguno de los dos la presionará ni estará a solas con ella sin que lo sepa el otro. Aldo debe aceptar (aunque no piensa cumplir cabalmente).
Aldo esta vez baila al son de Fernando, las cosas han dado un giro radical. Fernando se recuperó y dignamente por lo cual ya no teme a Aldo y tampoco necesita de rabietas o desplantes para enfrentarse a él y para demostrarle sus equívocos y su falta de sensibilidad, con su sola inteligencia, sensatez y sentido del humor le bastan.

VIII. DOS HOMBRES RADICALMENTE DISTINTOS.
Aldo se ha comprometido en matrimonio con Leticia y le pide a Fernando hablar. Ese capítulo lo vi grabado pero antes en leí los comentarios sobre la escena en lafeamasbellaonline.tk, el público estaba indignado con el cinismo y la burla de las que Aldo parece hacer gala. Cuando vi el video me sorprendí de mi percepción pues resultó contraria. Creí que Aldo se burlaba inmisericordemente de Fernando pero, como yo lo vi, es al revés. Fernando está claramente triste y desde esa tristeza despliega su capacidad de ironizar para dejar a Aldo bastante mal parado ante sí mismo y ante el espectador. Trataré de explicar porqué pienso así.
Aldo es un personaje sin muchos matices. Su mina de oro está en esa aparente bondad y generosidad infinitas con las que, supuestamente, asume todo en la vida. Bien, ese parece ser el motivo de acercarse a Fer, mostrarse generoso, darle ánimos al decirle que también ganó con la experiencia pues quedó demostrado que tiene capacidad de amar. Este argumento es por demás mediocre. Fernando se burla y exhibe la manera conformista e insensible de Aldo de ver el asunto al contestarle: “…stá (sic) genial el descubrimiento…” ¿Para qué le sirve a Fernando (o a cualquiera otro) un amor tan grande si no puede compartirlo, hacerlo crecer junto con la mujer a la que ama? ¿Para qué amar si la única manera de demostrar ese amor es respetando que ella haya optado por hacer su vida con otro?
Nunca como en esa conversación se dejan ver las diferencias tan grandes entre estos dos personajes de telenovela. Aldo es un tipo de cartón, mediano que piensa que lo importante es competir (porque así le conviene), exhibe su egoísmo y su falsedad. Él alguna vez dijo que si supiera que Fernando podía hacer feliz a Leticia, se haría a un lado. ¿Qué le dice ahora a Fernando? Leticia decidió, yo sólo cumplo sus deseos y por eso me quedo con ella, aunque se perfectamente que tú la amas de verdad y la habrías hecho feliz. Leticia parece ser para él una especie de premio por sus sacrificios: dejar Acapulco, venderlo todo, etc., (habrá qué preguntarse si Lety vale como mujer o sólo como ese trofeo que le ganó a Fer) y el colmo, se le ocurre decirle a Fernando para dónde debe dirigir su corazón.
La reacción de Fer es muy clara. Hace ver a Domenzaín como un tipo obtuso y necio al decirle con sarcasmo: “¡…nomás eso me faltaba, que tú me busques novias a mí!. Fernando tiene claro que amor de verdad no es intercambiable, nace con la persona amada, y sólo puede crecer junto con ella. Punto.
Además, Fernando no es como el resto de los personajes de LFMB ni como Leticia. En primera, no admira sobremanera a Aldo como para maravillarse con el solo discurso; y en segunda, tampoco se deja llevar por sus disposiciones como si sólo el chef acapulqueño supiera lo que es mejor en la vida. Fernando ya sabe qué quiere, hacia dónde dirigirse y cómo luchar por sus objetivos de manera honesta y generosa. Por eso le habla con franqueza a Domenzaín, no tiene porqué darle por su lado y así lo expresa: “daría mi vida entera por que Lety volviera conmigo…” Por eso también, ni siquiera le responde a ese pseudo-reconocimiento de Aldo sobre sus méritos…
Tenemos a dos hombres son muy distintos que plantean sus experiencias sobre premisas muy diferentes y jamás llegarán a ningún acuerdo. Aldo termina por abandonar la escena, se queda sin argumentos, Fernando lo rebasa por mucho y lo sabe, de eso sí puede darse perfecta cuenta. Y lo que es más, tiene miedo de su rival aunque, supuestamente, él haya ganado ya. De otra forma no explico yo los celos que le han surgido últimamente. ¿No había concluido junto con Lety, allá en Acapulco, que los celos no son amor?
Las cosas llegaron a este punto no sólo por Leticia, sino porque las maneras de ver las cosas y de actuar frente a las circunstancias de estos dos hombres son como el agua y el aceite. Lo más interesante es que la protagonista no ha de elegir entre “dos hombres buenos” como le dice su mamá. Aldo y Fernando no pueden medirse con la misma vara, son radicalmente opuestos. Con el primero, Lety sólo tiene que dejarse llevar, ir y venir al ritmo que él marque… con Fernando debe saber decidir y hacerse responsable de cada uno de sus actos porque para él una relación de amor es una relación donde ambos actúan, donde ambos construyen, donde ambos aciertan o se equivocan y donde ambos están también para hacer frente a lo bueno y a lo malo. Leticia optó por dejarle a otro la responsabilidad de la felicidad de la pareja y por descansar en su futuro marido las decisiones sobre el rumbo de su vida… La decisión de Lety sobre quién será su pareja va más allá del nombre del marido, es una decisión de actitud ante la vida. Debe decidir si quiere vivir a la sombra de otro o si pretende ser ella la que construya su futuro, con todo el riesgo pero también con todo el aprendizaje que esto implica…
(continuará…)

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V. LA DANZA DE LOS RIVALES
Como todo es movimiento constante la relación entre Fernando y Aldo también se transforma. Aldo comienza a dar signos de que su templanza es, si no falsa, muy débil. Una vez en Conceptos, Leticia lo vuelve su respaldo y confidente además de indispensable en el trabajo del proyecto de Turismo Gastronómico. Esto a él no parece bastarle y decide intempestivamente confesarle su amor a la Lic. Padilla Solís porque no puede esperar a que llegue la oportunidad. Sí, al tipo respetuoso de los vaivenes de la vida se le termina la paciencia. Saca de la oficina a Lety y la lleva a uno de los jardines para decirle que la ama y que luchará por ella.
Al mismo tiempo, Marcia, celosa e incapaz de recuperar a Fernando, le confiesa que Aldo ama a Leticia. Ella trata de castigar a Fer por su desamor desesperándolo aún más al saber que él se irá a NY y dejará a Lety, a “su Lety” sola con Aldo. Fernando vive ya al borde de la locura, en ese tiempo le cuesta mucho trabajo conservar la calma. Está desesperado de amar locamente a Leticia y no poder acercarsele, de ver cómo Aldo está a su lado y de sospechar la existencia de un nuevo pretendiente. Con la confesión de Marcia saca sus propias conclusiones y se sale de sus casillas también. Corre a enfrentar la situación y tiene que ir a perseguir a Lety y a Aldo hasta el jardín donde él le acaba de confesar su amor.
Al aparecer Fernando en escena Leticia se vuelve espectadora de lo que sucede. La acción se desarrolla entre los dos, ahora sí francamente, rivales en el amor. Fernando llama a Aldo tramposo y mentiroso, además de ventajista, él se irá de viaje mientras que el chef se quedará “a sus anchas” con Leticia. Aldo expone su versión de las cosas, el llegó con trabajo a Conceptos y el viaje a NY fue idea del mismo Fernando (por más que haya sonreído cuando lo escuchó decir: “yo quiero hacer ese viaje”). Se hacen de palabras hasta que Aldo tira un golpe. No importa que luego se diga avergonzado de sí mismo, él cambia las palabras por puños y eso no es cualquier cosa.
Se supone que Fernando es el mezquino, el calculador y resulta completamente sorprendido por el primer puñetazo, ni por asomo se lo espera; inclusive, cualquiera podría pensar que el primero en golpear sería él. Se supone también que Aldo es todo templanza y bondad pero reacciona agresivo y hasta perverso. ¿Porqué perverso? Porque él inició la escaramuza para que la viera Leticia, por eso, cuando se percata de su ausencia, le pide a Fernando parar, ya no hay razón de seguir con la pantomima, su pantomima. Aldo utiliza al descontrolado Fer para decirle a Leticia que lo de luchar por ella es en serio… ¿eso es o no perversidad?
Al quedarse solos intercambian algunas palabras más. Son dos hombres muy distintos y, además, enfrentados por una mujer. Aldo, “el perceptivo”, le adivina el alma a Fernando, “¿estás enamorado de Leticia, verdad?” y Fernando sin admitirlo abiertamente exhibe su manera sospechosa de mirar al mundo, “¿para qué quieres saberlo? Seguramente para usarlo en mi contra…” Aquí Aldo hace gala de su perceptividad y sigue describiendo el interior de Fernando, sus motivos egoístas y la tragedia que él mismo se labró. Le augura un fracaso rotundo, pues él mismo es su peor enemigo y jamás podrá convencer a Lety de su amor. Fernando sólo atina a decir con voz quebrada que Aldo no tiene razón y que no se quedará de brazos cruzados.
En las palabras Aldo parece ganar pero en los golpes y en la pelea como tal, ambos quedan parejos. Tal vez porque la correlación de fuerzas es más equitativa de lo que parece y ambos tienen igual oportunidad en el corazón de Leticia.

VI. UN NUEVO FERNANDO.
Llegamos a la Expo-feria Gastronómica. Aldo acaba de presentar su libro. Fernando salvó esa presentación al rescatar los ejemplares de ser entregados en una dirección falsa y llegar justo a tiempo con los ellos. Lamentablemente, todos piensan que él en lugar de rescatar el evento quiso sabotearlo. Es difícil creer la existencia de buenas intenciones y acciones nobles en él. El desprestigio lo persigue.
Aldo le reclama por haber intentado sabotearlo, Fernando explica cómo fueron las cosas y le aclara que si salvó la situación fue por Lety, porque ella no merece un fracaso. Aldo no cree y lo recalca pero al llegar los repartidores de la editorial corroboran cada palabra de Fernando y Domenzaín debe intervenir para evitar que sea llevado por la policía dado que, en realidad, Fer le hizo un favor.
Fernando ya no se amilana frente a Aldo y hasta se da el lujo de dejarlo con la duda sobre quién quiso echarle a perder su numerito. Comienza a divertirse a costa de su rival y eso no es poca cosa. Aldo se desprende de su personalidad templada y durante todas estas escenas aparece grosero, gritón, bastante nerviosito, pero aun hay más, comenzará a temer a su rival.
Cuando Fernando le dice a Leticia que ella se merece más que nadie inaugurar el evento lo hace con palabras justas y amables. Aldo escucha todo sin ser visto, sí, el hombre otrora franco y sin recovecos se agazapa. Al final de las palabras de Fer, el chef cierra los ojos mientras se lleva las manos a la cara, está claramente preocupado. ¿Porque? Porque lo imposible parece suceder, Fernando le está dando la vuelta a su vida. Ya no es aquel egoísta y materialista de antes, ha aprendido a escuchar al corazón y a decir lo que piensa y siente. El rival perfecto se le está yendo, es fácil tomar el papel de redentor de una mujer cuando el otro pretendiente es un maldito sin entrañas ni piedad, pero si este último aprende de sus errores y se transforma… entonces sí que hay de qué preocuparse. Pero Aldo no mira sino hacia afuera y no considera cambiar nada de sí mismo, no lo cree necesario… se mantiene y confía en que su constancia y la cercanía con la que Leticia le favorece le darán la victoria.
(continuará…)

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