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Archive for the ‘Leticia y Fernando’ Category

Renacer… ha retomado su curso y por ello, les dejo aquí a las lectoras/seguidoras de esta historia material extra que puede ayudarles a situarse un poco más en los últimos capítulos.

Esta entrada tiene qué ver con los cuatro capítulos llamados: Homenaje. En ellos hay descripciones de ropa, escenografía y música inspirados en algunas realidades, las cuales dan cabida a los sucesos de esta ficción.

Primero, una visualización muy cercana del vestido de la protagonista. Claro que en lugar de pantalón es falda larga, pero esta imagen proporciona una idea muy cercana a lo que estaba pensando al vestir a Leticia para esa noche:inspiracion-vestidonocheba

A continuación, algunas imágenes del interior del Palacio de Bellas Artes, donde tienen lugar estos capítulos.

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Por último, aunque no por ello menos importante, el video del cual me inspiré para tejer toda la parte de El triste.


Aquí algunos detalles sobre el Cap. 91: RICORDAMI.

La tienda donde Leticia compra los regalos para Julieta y Fernando es esta, es una empresa mexicana real: Pineda Covalín.

Y aquí los links a la música que alude el capítulo:

Ricordami

Grande amore

Conforme el avanzar de los episodios, iré aderezando el contenido escrito por este medio por lo pronto…

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Fernando Mendiola es un personaje caleidoscópico. Sus facetas son múltiples, puede ser visto desde muy diversos ángulos y aquí me aventuro a explorar uno de ellos, el cual inicio con una pregunta: ¿puede Fernando Mendiola ser visto como un Dr. Fausto contemporáneo?

Johannes Fausto es un personaje de leyenda, vivió, pero lo que se cuenta de él es lo que hoy por hoy sigue renovándose y permitiéndonos hacer este tipo de ensayos y refractarlo hacia un personaje como Fernando Mendiola.
Fausto -según cuentan los que cuentan, diría la ilustre Juanita- era un alquimista, un mago, un hombre que entendía la vida desde la visión del transformador de realidades. ¿Y Fernando? ¿No es acaso un hacedor de nuevas realidades? La publicidad puede ser tildada de vana, de irreal, de fantasiosa pero, ¿no constituye la posibilidad de mirar el mundo de otra forma?, ¿de recrearlo para darle nueva vida? Mejor aún cuando se trabaja en una casa productora, ahí las propuestas publicitarias toman forma de anuncios, se vuelven duración, se hacen factibles de ser expuestas a millones de miradas, las cuales podrán ver aquello y tal vez olvidarlo al segundo siguiente o podrán recordarlo el resto de sus vidas, pero ya estuvieron expuestos al “hechizo”, ya fueron tocadas por sus influjos.
Fernando no solo trabaja haciendo magia en forma de anuncios. Tal cual lleva su vida, se trata de un hombre de miles de ángulos, vasto, sumamente contradictorio pero avasallador. Fernando Mendiola es un experto en supervivencia y puede voltear cualquier marcador a su favor, tan es así que logra mantener la fachada de una empresa saludable cuando la realidad implicaba una quiebra estrepitosa. Sólo un mago que se respete puede hacer algo así. Claro, esto es mérito de la pluma original, de un Gaitán quien creó a Armando Mendoza para presidir su Ecomoda y antes había escrito a un Iván Vallejo quien arruinaba cuanto tocaba, pero era capaz de salir a flote y de aparentar buena salud cuando podrido estaba por dentro desde el inicio de su Café…

Tal vez la parte más emblemática de Fausto es su pacto con el diablo. Un pacto de sangre, un pacto que le daba poder ilimitado y vida nueva, además de poseer a Gretchen, en quien estaban condensados el deseo y el amor para el Doctor. De primera instancia se podría pensar, aquí no hay sangre de por medio y tampoco la aparición de ningún demonio pero: ¿quién es Mario Calderón para Armando Mendoza, el personaje del cual nació Fernando? ¿Qué tan cruel, tan inhumano, despiadado y calculador se debe ser para emparentar con el demonio? Una de las características de los pactos con las fuerzas del mal era ser ENEMIGO de todos los hombres. ¿No puede Mario poseer esta “cualidad’? Él no era amigo de nadie, veía por sí mismo y si ello implicaba involucrar a Armando en un delito, como lo fue la trampa a Betty, a él qué, tan es así que con una sonrisa enorme en los labios se despide de su “amigo” señalando a las mujeres: …son el infierno, y el infierno de ellas, es usted.” Para luego desaparecer exultante de dicha tras las dos hojas del elevador del piso directivo de Ecomoda, el cual tal vez lo descendería al averno del cual salió.

Omar Carvajal vendría a ser un diablillo bastante menor, desde mi percepción es como el famulus bajo la tutela de Johannes Fausto, en retaguardia siempre aunque agazapado desde ahí para tramar conjuros. Igual propone a Fernando un pacto no de sangre pero sí de falso amor. Un hechizo de engaño para una mujer en la cual Fernando sólo mira cualidades ¿no es Lety para él un ángel? ¿no representa la bondad extrema? Las imágenes con las cuales Fernando Mendiola describe a su amada son las de la mujer inocente, casta, recubiertas de su fealdad pero también de su abrigo, de su dulzura, de su lealtad a él. Si bien este pacto no involucra sangre, considerada la fuerza vital en tiempos del Fausto de carne y hueso; sí involucra el AMOR, el dador de vida más poderoso en el imaginario contemporáneo. El pacto involucra jugar a amar y terminado el juego Fernando debería regresar a su vida de antes. Sin embargo, él encuentra el amor de verdad en Lety y todo se transforma…
Un pacto delictuoso como el que Fernando fue capaz de ejecutar evoca pactos en los cuales el ser humano involucrado en ellos descendía a las profundidades, de cierta manera muere para volver a nacer. Fernando Mendiola, al ser descubierto, haberse enamorado y quedar expuesto ante los suyos cae en una espiral de terrible descenso, la cual, a punto está de llevárselo al otro mundo. Faltó poco… pero no sucede, y luego de eso, este protagónico de telenovela inicia una lenta pero contundente recuperación. Él como nadie sabe lo que es estar muerto en vida, lo que es sobrevivir al haber tocado las paredes del infierno y por eso, cuando se pone en pie, es más fuerte que todos y más generoso que nadie.
Desde el inicio, Gaitán planteó para su personaje original una pequeña rendija de salvación: el AMOR con él cual pretendía jugar. Con Armando hay miles de cosas ambiguas, discutibles, poco nítidas pero con Fernando las cosas son mucho más claras, con el aparentar amar, él comienza a conjugar el verbo de múltiples maneras, a ser amante, a mirarse amando y a sentir el amor de Leticia. Luego de eso, su vida nunca volvería a ser la misma por la sencilla razón de haberse aferrado al ese amor, a un amor que es vida y, en esta telenovela al menos, es capaz de conjurar al infierno y a la muerte.

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La lucha interna de Fernando Mendiola consigo mismo nos ha ocupado buen espacio de discusión de unas semanas a la fecha. Con la aportación de varias de las foristas hemos visto cómo eso que trae Fernando adentro es muy fuerte, tiene múltiples manifestaciones y se va desvelando entre líneas durante toda la telenovela.
Luego de leer las aportaciones de Luciana (en lafeamasbellaonline.tk) sobre la aparición de Eduardo en la trama me quedé dándole vueltas al asunto y llegué a un pensamiento: los dos mejores amigos de Fernando son las personificaciones de su lucha interna, una batalla campal entre el deber y el deseo.

De entrada, conocemos a Fernando acompañado de su inseparable Omar Carvajal porque la trama así los plantea pero con la llegada de Eduardo logramos poner en perspectiva tanto a Fernando como a su mundo pues Lalo propone una versión crítica de todo y nos ayuda a ver mejor cómo está planteado el protagónico de LFMB.
Omar representa el deber. Las obligaciones con la autoridad (para Fernando su papá, principalmente); el cumplimiento de los designios hasta de los difuntos de la familia (su boda con Marcia, el máximo deseo de Julio y Susy Villarroel); los compromisos con la empresa, con la Presidencia y esa eterna pugna con Ariel donde sólo se trata de ganar a costa de lo que sea, así el más afectado sea uno mismo…
Eduardo presenta el deseo. Trae consigo aires de libertad porque el deseo como fuerza de vida es eso, energía, vitalidad e imaginación; es incontenible, inasible, impredecible. Con Lalo comienza a escucharse la voz interna de Fernando (esa fascinación con la que describe cómo su amigo sí encontró el amor habla de su propia búsqueda hasta ese entonces fallida); él mismo comienza a dilucidar el precio tan grande que traerá venderle su alma al mundo; cómo no desea morirse por dentro a cambio de ser aceptado como hombre adulto y maduro por su familia y su prometida, etc., etc., etc.. Lalo siguió su propio camino y le está ofreciendo a Fernando el conocimiento de la posibilidad… conocer lo posible puede entonces transformarlo en sueño y de ahí, tal vez, en realidad.
Y así como Fernando por dentro lucha entre deber y deseo, Omar y Eduardo se confrontan en escena. Omar no tolera a Lalo y hace berriches, reproches, atosiga, amenaza. El Deber en millones de ocasiones se cumple bajo cohersión. Omar sabe que sólo por el lado de desvelarle a Fernando el infierno en que se convertiría su vida si no hace lo que “debe hacerse”, es como puede convencerlo, contenerlo, acallarlo… hacerlo seguir con los planes.
Lalo no procede así. Él conoce a Omar y no va a desenvolverse en sus terrenos. Eduardo propone otra vía, habla cara a cara con Fernando, le cuenta su experiencia, lo emociona y lo conmociona con su felicidad personal… con esa vida libre, sin ataduras; con esa amistad tan franca y tan alegre con el Cuartel al que dibuja; con la preciosa historia de Ingala, su mujer. Eduardo ofrece esperanza, luz, vida pero para llegar a esa felicidad uno ha de reflexionar, de saber qué se desea de la vida y entonces, actuar en consecuencia…
Porque el deseo es acción y el deber… para Fernando la muerte. Tan es así que sigue su “deber” y fracasa de todo a todo. Pero, afortunadamente para él, Eduardo apareció justo a tiempo, le permitió a Fernando dudar, preguntarse, darle cabida al deseo en su vida y perderse en Leticia para descubrirse vivo. Es más, de no haber sido así, tal vez la primer noche no habría ocurrido tal y como ocurrió ni habría desatado las consecuencias que desató tanto en Fernando como en Lety… me aventuro a decir. Ustedes dirán si -como decimos por acá en México- “voy bien o me regreso”.

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ÉRASE UNA VEZ…

En un lugar de trabajo, en una reunión de las millones que toman a lugar día a día en el mundo empresarial, érase una vez que ocurrió un encuentro cósmico. El universo conjugó sus movimientos para llevar a Leticia Padilla Solís al lugar donde su vida tomaría un rumbo definitivo: Conceptos, pero no sólo eso, su destino tenía nombre y cuerpo: Fernando Mendiola.
“Ese hombre te va a cambiar la vida y tú se la vas a cambiar a él” -le dirían los caracoles en voz de Juana tiempo después. Lo cierto es que sin ese primer choque, sin ese momento primigenio ninguna magia habría ocurrido. En ese instante dos completos extraños dejaron de serlo y comenzaron un rumbo conjunto, un rumbo hecho de cielo e infierno, de luz y de sombras. A lo largo de ese camino se transformarían radicalmente y aprenderían a saberse mucho más fuertes, más grandes y más poderosos de lo que imaginaban.
Tal vez nada de eso fueron capaces de prefigurar en el momento en que se miraron por primera vez, sin embargo, el impacto mutuo fue indiscutible. Ella entró a esa sala de juntas con la ilusión en la mirada y la sonrisa en el rostro, despidiendo por cada poro optimismo y autenticidad. Él la recibió con una seriedad autoimpuesta para esconder su impacto, era un maestro en el arte del disimulo y la fealdad externa de ella lo había dejado pasmado. Sin embargo, a pesar de sí mismo, cedió ante la sonrisa desbordada de ella, correspondió brevemente y a partir de ahí le pidió quedarse, en esa sala primero, en la empresa después y al final, en su corazón y en su vida.
Para ella no fue sorpresa verlo, sabía perfectamente a quién encontraría ahí, antes bien, estaba decidida a aprovechar al máximo ese encuentro y despliega todos sus encantos, los cuales resultan avasalladores al grado de opacar a la mismísima Marcia Villarroel quien se vuelve una especie de maniquí sonriente pero inerte, bellísima pero sin chispa, sin vida. Y vida despide Leticia, una vida encantadora, luminosa y generosa; sorprende y seduce a Humberto; le simpatiza a Fernando quien además se da cuenta de su inteligencia y capacidad de trabajo; descoloca por completo a Marcia quien no puede sino tratar de participar en un juego donde ha quedado fuera burlándose de la situación pues de pronto el fundador de la casa productora y su hijo parecen ser quienes están buscando el empleo… “Quiero a una mujer eficiente” -repetiría mil veces Fernando y con ese argumento la incorpora al trabajo sin sospechar siquiera que esa genio de las finanzas iba a ser la mujer de su vida: aquella quien le enseñaría que su corazón estaba vivo, ni más ni menos.
Ambos inician el camino desde perspectivas opuestas. Él, desde su doble mirada: Es fea pero tiene más cerebro que tú y que yo juntos (a Carvajal); es fea pero eficiente; es fea, feeea pero leal e incondicional… Ella, por su parte, vive todo desde su particular forma de involucrar el corazón en todo cuanto hace, -no por nada llegará a decir que su vida sentimental y laboral parecen ser una sola-: para Lety, Fernando es un galán de cine que traspasa la pantalla para volverse el protagonista de una película distinta, la que ella guioniza en sus sueños a ojos abiertos y cerrados… Luego, vía la trampa de seducción, quedarán uno a merced del otro para descubrir que él había nacido para ella, y ella, para él.
Este primer choque de miradas es el preludio de una larga historia, una historia luminosa y oscura a la vez, desgraciada y feliz a un tiempo; capaz de, a pesar de todo, materializar los sueños de una mujer maravillosa, “la fea más bella” y de Fernando Mendiola, el hombre quien la convertiría en “la dueña de su vida”.

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