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En un lugar de trabajo, en una reunión de las millones que toman a lugar día a día en el mundo empresarial, érase una vez que ocurrió un encuentro cósmico. El universo conjugó sus movimientos para llevar a Leticia Padilla Solís al lugar donde su vida tomaría un rumbo definitivo: Conceptos, pero no sólo eso, su destino tenía nombre y cuerpo: Fernando Mendiola.
“Ese hombre te va a cambiar la vida y tú se la vas a cambiar a él” -le dirían los caracoles en voz de Juana tiempo después. Lo cierto es que sin ese primer choque, sin ese momento primigenio ninguna magia habría ocurrido. En ese instante dos completos extraños dejaron de serlo y comenzaron un rumbo conjunto, un rumbo hecho de cielo e infierno, de luz y de sombras. A lo largo de ese camino se transformarían radicalmente y aprenderían a saberse mucho más fuertes, más grandes y más poderosos de lo que imaginaban.
Tal vez nada de eso fueron capaces de prefigurar en el momento en que se miraron por primera vez, sin embargo, el impacto mutuo fue indiscutible. Ella entró a esa sala de juntas con la ilusión en la mirada y la sonrisa en el rostro, despidiendo por cada poro optimismo y autenticidad. Él la recibió con una seriedad autoimpuesta para esconder su impacto, era un maestro en el arte del disimulo y la fealdad externa de ella lo había dejado pasmado. Sin embargo, a pesar de sí mismo, cedió ante la sonrisa desbordada de ella, correspondió brevemente y a partir de ahí le pidió quedarse, en esa sala primero, en la empresa después y al final, en su corazón y en su vida.
Para ella no fue sorpresa verlo, sabía perfectamente a quién encontraría ahí, antes bien, estaba decidida a aprovechar al máximo ese encuentro y despliega todos sus encantos, los cuales resultan avasalladores al grado de opacar a la mismísima Marcia Villarroel quien se vuelve una especie de maniquí sonriente pero inerte, bellísima pero sin chispa, sin vida. Y vida despide Leticia, una vida encantadora, luminosa y generosa; sorprende y seduce a Humberto; le simpatiza a Fernando quien además se da cuenta de su inteligencia y capacidad de trabajo; descoloca por completo a Marcia quien no puede sino tratar de participar en un juego donde ha quedado fuera burlándose de la situación pues de pronto el fundador de la casa productora y su hijo parecen ser quienes están buscando el empleo… “Quiero a una mujer eficiente” -repetiría mil veces Fernando y con ese argumento la incorpora al trabajo sin sospechar siquiera que esa genio de las finanzas iba a ser la mujer de su vida: aquella quien le enseñaría que su corazón estaba vivo, ni más ni menos.
Ambos inician el camino desde perspectivas opuestas. Él, desde su doble mirada: Es fea pero tiene más cerebro que tú y que yo juntos (a Carvajal); es fea pero eficiente; es fea, feeea pero leal e incondicional… Ella, por su parte, vive todo desde su particular forma de involucrar el corazón en todo cuanto hace, -no por nada llegará a decir que su vida sentimental y laboral parecen ser una sola-: para Lety, Fernando es un galán de cine que traspasa la pantalla para volverse el protagonista de una película distinta, la que ella guioniza en sus sueños a ojos abiertos y cerrados… Luego, vía la trampa de seducción, quedarán uno a merced del otro para descubrir que él había nacido para ella, y ella, para él.
Este primer choque de miradas es el preludio de una larga historia, una historia luminosa y oscura a la vez, desgraciada y feliz a un tiempo; capaz de, a pesar de todo, materializar los sueños de una mujer maravillosa, “la fea más bella” y de Fernando Mendiola, el hombre quien la convertiría en “la dueña de su vida”.

IX. UNA PELEA DESLAVADA.
Leticia llora. Fernando le saca con tirabuzón la razón: Aldo no le dijo toda la verdad con respecto a su viaje a Vallarta pues no mencionó a Carmina y ella se siente la mujer más infeliz del planeta.
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Fernando, enojadísimo, sale de presidencia, agarra a Aldo por el cuello y comienza a jalonearlo. Así, sin darle tiempo de nada, no tiene porqué, Domenzaín quedó advertido desde mucho antes: si hacía sufrir a Lety, la cuenta se la cobraría Fernando. Él la dejó libre sin condiciones pero con Aldo si estableció una regla: felicidad eterna para Leticia. Esto es poco menos que imposible de lograr y más cuando Aldo querido opta por omitir información importante sobre una mujer que a Leticia nunca le ha dado buena espina.
La pelea como tal es bastante más una coreografía que un duelo a golpes. De hecho, ninguno de los rivales sale lastimado, si lo vemos comparativamente con el nivel de emotividad que guarda ahora la telenovela, de nuevo forma es fondo, este duelo es bastante ‘light’. Aun con eso, yo le encontré dos momentos interesantes, los cuales tienen más que ver con Lety que con Fernando y Aldo en sí.
Primero, ella va a separarlos y los encuentra en la misma posición en la que los abandonó durante la primer pelea que tuvieron, están hincados y con las manos en el cuello del rival, la diferencia es que aquí ella no sale huyendo, de alguna manera está retomando algo que dejó pendiente tiempo atrás. Así, Leticia los separa, los regaña y les hace ver que parecen niños chiquitos y no hombres arreglando un problema. Lo segundo es que como ellos manotean y se empujan con ella en medio sin siquiera mirarla, ella se percata de eso y lo expresa. Si a ellos sólo les importa su pelea y la damisela en cuestión es sólo un pretexto para avivar la rencilla, ella también toma postura, ¿qué les dice? “Mátense, si quieren.” Así, Leticia les deja en claro que el asunto es obvio, que ella en ese momento no importa en lo más mínimo por lo cual, se va a pensar en su situación que bastante falta le hace (o no se si a ella le hará falta, pero a mi si me está quedando a deber el despertar de su letargo, aunque tal vez verla decidida y segura de sí misma es un sueño mío jajaja).
Aldo y Fer siguen manoteando un rato más, se han quedado solos para terminar el encuentro. Algo está claro, el asunto va más allá de Lety, esos dos traen una historia propia desde tiempo atrás y tienen sus propios motivos para pelear, discutir y enfrentarse, aunque no resuelvan nada con la escaramuza…

X. CADA QUIEN SU VIDA: EL FINAL
Hacia el final de LFMB Aldo y Fernando sostienen una relación tirante y muy desgastante en la cual se agreden mutuamente cada vez que están juntos. El pretexto es Lety pero esa relación es mala por rutina. Así las cosas, Fernando vuelve a irse de Conceptos y Leticia admite frente a Aldo que lo sigue amando a pesar de todo. Entonces, Aldo desaparece súbitamente y deja en libertad a Leticia, libertad para ir y recuperar al amor de su vida. Los protagonistas finalmente llegan al altar.
El último encuentro entre Aldo y Fernando es en la Catedral de Monterrey, ya no es persona a persona sino que, ahí donde Fernando y Leticia están arrodillados para unir sus vidas en matrimonio, fue colocado un retrato de un ángel con armadura y lanza que ostenta el rostro de Aldo Domenzaín.
Tanto Fernando como Leticia sonríen al ver la pintura, se sienten agradecidos con él por haberse “hecho a un lado” y dejarlos vivir ese amor que nació entre ellos hacía tanto tiempo y que no había podido concretarse en boda (si es que la boda es la unívoca y verdadera concreción del amor, me permito ponerlo en tela de duda). Este último encuentro Fernando-Aldo está en el límite de lo surrealista. Una historia cotidiana hecha con personajes que hacían todo por parecer seres humanos y termina debiendo la unión de sus protagonistas a un pseudo-ángel elevado súbitamente a los altares.

Es el último movimiento conjunto de estos dos personajes, a partir de ahí, Fernando seguirá su vida al lado de Lety y Aldo hará lo propio en Acapulco cuidando de un niño pequeño al que ha salvado de morir ahogado en el mar… tan alegre y tan distante de aquellos dos que de pronto me surgen dos preguntas: la primera: ¿en verdad valió la pena tanto desgaste si las cosas iban a terminar así? y la segunda: ¿a todos los terceros en discordia que deciden dejar el camino libre al rival les van a poner una pintura en los altares donde se casen los beneficiarios de esa acción?

Este último fragmento es seco y escueto pero, sólo puedo decir en mi defensa que hacia el final de LFMB la emotividad se diluyó, la calidad general del melodrama se fue al piso y con ello toda la inspiración para analizar se desbarata. Sólo me resta decirles, mil gracias a quienes tuvieron la constancia de seguir y hasta comentar esta larga secuencia de reflexiones sobre Fer y Aldo.

FIN.

VII.  TE PROPONGO UN PACTO.
Súbitamente Aldo toma la decisión de comprar la deuda de Conceptos vendiendo todas sus propiedades. Argumenta deseos de liberar a Lety de presión de la deuda y salvar a la empresa del remate. Ni todo el tiempo y regalos invertidos en Leticia le habían hecho merecer su amor, inclusive ella ya había dado a Fer su palabra de matrimonio. Al saber del gesto de Aldo y verlo irse derrotado, ella duda y Fernando la libera del compromiso para que ella pueda decidir.
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Así las cosas, Aldo va a buscar a Fernando a su oficina, por primera vez es él quien busca a Fer. Fernando le dice que esa compra de la deuda en realidad le puso el pie en el cuello a él, es decir, para impresionar a Leticia tuvo que pisotearlo. Aldo se defiende diciendo que le dio mucha pena lo que “tuvo que hacer”, que no se siente orgulloso.
Como necesita reafirmarse a sí mismo el ser “el bueno” de la película, se le ocurre decir que mientras él es un hombre hecho y derecho a costa de los “golpes de la vida”,  Fer sólo es un niño rico que por inmaduro y mimado perdió la empresa familiar y, por supuesto, que no conoce el amor. Esta vez se equivoca rotundamente: en primera, con su “noble acción” consiguió ponerse en posición de dominación con respecto a todos en Conceptos así que puede pisotear a cualquiera ahí desde Ariel hasta a Celso, además, la vida de Fernando no fue sencilla por más que tuviera dinero y comodidades, y por último, Fer aclara que sabe bien lo que es el amor, lo aprendió de Leticia.
Fernando esta vez le desbarata a Domenzaín uno a uno de los argumentos de su discurso acartonado y falaz. Exhibe al “sabio y perceptivo” chef como un hombre que no es capaz de ver más allá de sí mismo. No sólo eso, le aclara a Aldo que no piensa perder a Lety y hasta le propone un pacto: ninguno de los dos la presionará ni estará a solas con ella sin que lo sepa el otro. Aldo debe aceptar (aunque no piensa cumplir cabalmente).
Aldo esta vez baila al son de Fernando, las cosas han dado un giro radical. Fernando se recuperó y dignamente por lo cual ya no teme a Aldo y tampoco necesita de rabietas o desplantes para enfrentarse a él y para demostrarle sus equívocos y su falta de sensibilidad, con su sola inteligencia, sensatez y sentido del humor le bastan.

VIII. DOS HOMBRES RADICALMENTE DISTINTOS.
Aldo se ha comprometido en matrimonio con Leticia y le pide a Fernando hablar. Ese capítulo lo vi grabado pero antes en leí los comentarios sobre la escena en lafeamasbellaonline.tk, el público estaba indignado con el cinismo y la burla de las que Aldo parece hacer gala. Cuando vi el video me sorprendí de mi percepción pues resultó contraria. Creí que Aldo se burlaba inmisericordemente de Fernando pero, como yo lo vi, es al revés. Fernando está claramente triste y desde esa tristeza despliega su capacidad de ironizar para dejar a Aldo bastante mal parado ante sí mismo y ante el espectador. Trataré de explicar porqué pienso así.
Aldo es un personaje sin muchos matices. Su mina de oro está en esa aparente bondad y generosidad infinitas con las que, supuestamente, asume todo en la vida. Bien, ese parece ser el motivo de acercarse a Fer, mostrarse generoso, darle ánimos al decirle que también ganó con la experiencia pues quedó demostrado que tiene capacidad de amar. Este argumento es por demás mediocre. Fernando se burla y exhibe la manera conformista e insensible de Aldo de ver el asunto al contestarle: “…stá (sic) genial el descubrimiento…” ¿Para qué le sirve a Fernando (o a cualquiera otro) un amor tan grande si no puede compartirlo, hacerlo crecer junto con la mujer a la que ama? ¿Para qué amar si la única manera de demostrar ese amor es respetando que ella haya optado por hacer su vida con otro?
Nunca como en esa conversación se dejan ver las diferencias tan grandes entre estos dos personajes de telenovela. Aldo es un tipo de cartón, mediano que piensa que lo importante es competir (porque así le conviene), exhibe su egoísmo y su falsedad. Él alguna vez dijo que si supiera que Fernando podía hacer feliz a Leticia, se haría a un lado. ¿Qué le dice ahora a Fernando? Leticia decidió, yo sólo cumplo sus deseos y por eso me quedo con ella, aunque se perfectamente que tú la amas de verdad y la habrías hecho feliz. Leticia parece ser para él una especie de premio por sus sacrificios: dejar Acapulco, venderlo todo, etc., (habrá qué preguntarse si Lety vale como mujer o sólo como ese trofeo que le ganó a Fer) y el colmo, se le ocurre decirle a Fernando para dónde debe dirigir su corazón.
La reacción de Fer es muy clara. Hace ver a Domenzaín como un tipo obtuso y necio al decirle con sarcasmo: “¡…nomás eso me faltaba, que tú me busques novias a mí!. Fernando tiene claro que amor de verdad no es intercambiable, nace con la persona amada, y sólo puede crecer junto con ella. Punto.
Además, Fernando no es como el resto de los personajes de LFMB ni como Leticia. En primera, no admira sobremanera a Aldo como para maravillarse con el solo discurso; y en segunda, tampoco se deja llevar por sus disposiciones como si sólo el chef acapulqueño supiera lo que es mejor en la vida. Fernando ya sabe qué quiere, hacia dónde dirigirse y cómo luchar por sus objetivos de manera honesta y generosa. Por eso le habla con franqueza a Domenzaín, no tiene porqué darle por su lado y así lo expresa: “daría mi vida entera por que Lety volviera conmigo…” Por eso también, ni siquiera le responde a ese pseudo-reconocimiento de Aldo sobre sus méritos…
Tenemos a dos hombres son muy distintos que plantean sus experiencias sobre premisas muy diferentes y jamás llegarán a ningún acuerdo. Aldo termina por abandonar la escena, se queda sin argumentos, Fernando lo rebasa por mucho y lo sabe, de eso sí puede darse perfecta cuenta. Y lo que es más, tiene miedo de su rival aunque, supuestamente, él haya ganado ya. De otra forma no explico yo los celos que le han surgido últimamente. ¿No había concluido junto con Lety, allá en Acapulco, que los celos no son amor?
Las cosas llegaron a este punto no sólo por Leticia, sino porque las maneras de ver las cosas y de actuar frente a las circunstancias de estos dos hombres son como el agua y el aceite. Lo más interesante es que la protagonista no ha de elegir entre “dos hombres buenos” como le dice su mamá. Aldo y Fernando no pueden medirse con la misma vara, son radicalmente opuestos. Con el primero, Lety sólo tiene que dejarse llevar, ir y venir al ritmo que él marque… con Fernando debe saber decidir y hacerse responsable de cada uno de sus actos porque para él una relación de amor es una relación donde ambos actúan, donde ambos construyen, donde ambos aciertan o se equivocan y donde ambos están también para hacer frente a lo bueno y a lo malo. Leticia optó por dejarle a otro la responsabilidad de la felicidad de la pareja y por descansar en su futuro marido las decisiones sobre el rumbo de su vida… La decisión de Lety sobre quién será su pareja va más allá del nombre del marido, es una decisión de actitud ante la vida. Debe decidir si quiere vivir a la sombra de otro o si pretende ser ella la que construya su futuro, con todo el riesgo pero también con todo el aprendizaje que esto implica…
(continuará…)

V. LA DANZA DE LOS RIVALES
Como todo es movimiento constante la relación entre Fernando y Aldo también se transforma. Aldo comienza a dar signos de que su templanza es, si no falsa, muy débil. Una vez en Conceptos, Leticia lo vuelve su respaldo y confidente además de indispensable en el trabajo del proyecto de Turismo Gastronómico. Esto a él no parece bastarle y decide intempestivamente confesarle su amor a la Lic. Padilla Solís porque no puede esperar a que llegue la oportunidad. Sí, al tipo respetuoso de los vaivenes de la vida se le termina la paciencia. Saca de la oficina a Lety y la lleva a uno de los jardines para decirle que la ama y que luchará por ella.
Al mismo tiempo, Marcia, celosa e incapaz de recuperar a Fernando, le confiesa que Aldo ama a Leticia. Ella trata de castigar a Fer por su desamor desesperándolo aún más al saber que él se irá a NY y dejará a Lety, a “su Lety” sola con Aldo. Fernando vive ya al borde de la locura, en ese tiempo le cuesta mucho trabajo conservar la calma. Está desesperado de amar locamente a Leticia y no poder acercarsele, de ver cómo Aldo está a su lado y de sospechar la existencia de un nuevo pretendiente. Con la confesión de Marcia saca sus propias conclusiones y se sale de sus casillas también. Corre a enfrentar la situación y tiene que ir a perseguir a Lety y a Aldo hasta el jardín donde él le acaba de confesar su amor.
Al aparecer Fernando en escena Leticia se vuelve espectadora de lo que sucede. La acción se desarrolla entre los dos, ahora sí francamente, rivales en el amor. Fernando llama a Aldo tramposo y mentiroso, además de ventajista, él se irá de viaje mientras que el chef se quedará “a sus anchas” con Leticia. Aldo expone su versión de las cosas, el llegó con trabajo a Conceptos y el viaje a NY fue idea del mismo Fernando (por más que haya sonreído cuando lo escuchó decir: “yo quiero hacer ese viaje”). Se hacen de palabras hasta que Aldo tira un golpe. No importa que luego se diga avergonzado de sí mismo, él cambia las palabras por puños y eso no es cualquier cosa.
Se supone que Fernando es el mezquino, el calculador y resulta completamente sorprendido por el primer puñetazo, ni por asomo se lo espera; inclusive, cualquiera podría pensar que el primero en golpear sería él. Se supone también que Aldo es todo templanza y bondad pero reacciona agresivo y hasta perverso. ¿Porqué perverso? Porque él inició la escaramuza para que la viera Leticia, por eso, cuando se percata de su ausencia, le pide a Fernando parar, ya no hay razón de seguir con la pantomima, su pantomima. Aldo utiliza al descontrolado Fer para decirle a Leticia que lo de luchar por ella es en serio… ¿eso es o no perversidad?
Al quedarse solos intercambian algunas palabras más. Son dos hombres muy distintos y, además, enfrentados por una mujer. Aldo, “el perceptivo”, le adivina el alma a Fernando, “¿estás enamorado de Leticia, verdad?” y Fernando sin admitirlo abiertamente exhibe su manera sospechosa de mirar al mundo, “¿para qué quieres saberlo? Seguramente para usarlo en mi contra…” Aquí Aldo hace gala de su perceptividad y sigue describiendo el interior de Fernando, sus motivos egoístas y la tragedia que él mismo se labró. Le augura un fracaso rotundo, pues él mismo es su peor enemigo y jamás podrá convencer a Lety de su amor. Fernando sólo atina a decir con voz quebrada que Aldo no tiene razón y que no se quedará de brazos cruzados.
En las palabras Aldo parece ganar pero en los golpes y en la pelea como tal, ambos quedan parejos. Tal vez porque la correlación de fuerzas es más equitativa de lo que parece y ambos tienen igual oportunidad en el corazón de Leticia.

VI. UN NUEVO FERNANDO.
Llegamos a la Expo-feria Gastronómica. Aldo acaba de presentar su libro. Fernando salvó esa presentación al rescatar los ejemplares de ser entregados en una dirección falsa y llegar justo a tiempo con los ellos. Lamentablemente, todos piensan que él en lugar de rescatar el evento quiso sabotearlo. Es difícil creer la existencia de buenas intenciones y acciones nobles en él. El desprestigio lo persigue.
Aldo le reclama por haber intentado sabotearlo, Fernando explica cómo fueron las cosas y le aclara que si salvó la situación fue por Lety, porque ella no merece un fracaso. Aldo no cree y lo recalca pero al llegar los repartidores de la editorial corroboran cada palabra de Fernando y Domenzaín debe intervenir para evitar que sea llevado por la policía dado que, en realidad, Fer le hizo un favor.
Fernando ya no se amilana frente a Aldo y hasta se da el lujo de dejarlo con la duda sobre quién quiso echarle a perder su numerito. Comienza a divertirse a costa de su rival y eso no es poca cosa. Aldo se desprende de su personalidad templada y durante todas estas escenas aparece grosero, gritón, bastante nerviosito, pero aun hay más, comenzará a temer a su rival.
Cuando Fernando le dice a Leticia que ella se merece más que nadie inaugurar el evento lo hace con palabras justas y amables. Aldo escucha todo sin ser visto, sí, el hombre otrora franco y sin recovecos se agazapa. Al final de las palabras de Fer, el chef cierra los ojos mientras se lleva las manos a la cara, está claramente preocupado. ¿Porque? Porque lo imposible parece suceder, Fernando le está dando la vuelta a su vida. Ya no es aquel egoísta y materialista de antes, ha aprendido a escuchar al corazón y a decir lo que piensa y siente. El rival perfecto se le está yendo, es fácil tomar el papel de redentor de una mujer cuando el otro pretendiente es un maldito sin entrañas ni piedad, pero si este último aprende de sus errores y se transforma… entonces sí que hay de qué preocuparse. Pero Aldo no mira sino hacia afuera y no considera cambiar nada de sí mismo, no lo cree necesario… se mantiene y confía en que su constancia y la cercanía con la que Leticia le favorece le darán la victoria.
(continuará…)

III. TENEMOS AMIGOS EN COMUN…
La mañana siguiente Fernando llega a Conceptos luego de haber visto al juez. La empresa está al borde del remate y, aunque él había sido despedido, Leticia accede a que se quede a trabajar para ayudar con el pago. Fer deja su coche a las puertas y camina. Aldo estaba en la empresa, quiere entrevistarse con Leticia pero no puede y mejor sale a caminar. No hay otra vía para ir a la calle mas que el largo pasillo que va de la puerta de las oficinas a la reja exterior. Es angosto, de un lado está un espejo de agua y del otro el arroyo. Fernando y Aldo avanzan en direcciones opuestas y ambos se obstruyen mutuamente en medio del camino. Casi chocan y terminan conversando a raíz de la imposibilidad de pasar.
Fernando comienza con bromas forzadas, no está muy de humor. Aldo le responde también con amabilidad seca, parece no haberle causado una muy buena impresión el hombre que tiene enfrente, sensación que se vuelve franca cuando éste le dice su hombre: Fernando Mendiola. Para Aldo la película está clara, sabe muy bien a quién tiene enfrente y por eso lo deja con la palabra en la boca. Fernando, en cambio, es sorprendido por la novedad. Ni idea de quién es Aldo Domenzain (así, sin acento en la i), ni de porqué le dice que tienen amigos en común, ni de qué lo llevo en verdad a Conceptos. Sólo sabe que tampoco le resultó grato el encuentro y así se lo comenta a Omar.
Esta escena de nuevo es esclarecedora y premonitoria. Los dos hombres están ya en el mismo camino, Conceptos y van hacia el mismo punto: Leticia. Sin embargo, lo hacen en sentidos opuestos. Aldo es luz, vida, alegría y salvación. Fernando es oscuridad, traición y desconfianza. Durante el encuentro, Aldo está respaldado visualmente por los edificios de la empresa, es como si pudiera representársele como un hombre fuerte, grande, sólido. Fernando en cambio sólo tiene tras de sí el espejo de agua, parece que se hundirá aún más, cosa que de hecho sucede, mientras que Aldo ganará simpatías en Conceptos y terreno en la vida de Lety.

Durante la escena hace aire, parece como si fuera a llover. Y de hecho, estos dos hombres, aunque en ese momento no lo saben, tendrán tormenta y desasosiego en sus vidas. Esta sola escena plantea el estado de la cuestión en el juego de fuerzas que vendrá y dice que Aldo parece llevar las de ganar.

IV. EL AMOR ES LO MAS IMPORTANTE.
Esto último queda aún más claro cuando Aldo y Fernando platican en la nueva oficina del chef en Conceptos. Fernando va a buscar a Aldo sin saber bien qué es lo que encontrará, sabe que hay motivos para sospechar pero no puede fundamentar claramente su recelo. De todas formas ahí está y Aldo aprovecha la situación para quedarse a solas con él.
No en balde Aldo es mucho mayor que él y que Leticia. Ahí demuestra su colmillo para tratar a la gente y para ajustarse a las circunstancias. Va envolviendo a Fernando y lo exhibe: el Lic. Fernando Mendiola no se conoce, pues cree que hablar de sí es decir lo que ha logrado en lo profesional y no lo que hay en su corazón. Aldo, quien tiene de él la imagen que Leticia le hizo, lo acorrala con preguntas por la deshonestidad y la utilización de los otros para fines egoístas. En ese momento Fernando se tensa sobremanera pues no tiene cómo demostrar que ha comenzado a cambiar y huye de Domenzaín poniéndose del otro lado del escritorio para resguardarse un poco.
Entonces viene la pregunta sobre qué es lo más importante en la vida. Fernando no tiene porqué responder, se sabe en desventaja ante un desconocido que de pronto le habla de cosas dolorosas y oscuras que él sólo desea olvidar. Evade la respuesta y Aldo le contesta que para él lo importante es el amor. Pero Fernando no es tan tonto como Luigi Lombardi, Fernando sabe reaccionar y sabe sensibilizarse ante las situaciones. Percibe sinceridad en Aldo y responde en el mismo tenor: “para mi, HOY, el amor es lo más importante”. Y no sólo eso, le confiesa que tal vez el amor no le favorece pues, probablemente, no es correspondido.
Aldo evalúa positivamente el encuentro pues hay algo que los une y que hace a Fernando respetable. Fernando escucha una palabra amable en mucho tiempo, se sorprende y trata con amabilidad a Aldo aunque en el fondo no ha dejado de recelar. Él ha pasado la vida sospechando hasta de su sombra y por eso Domenzaín (ahora sí con acento en la i) no le parece del todo creíble. Esta vez hace bien en no confiar porque Aldo sí esconde algo y su luminosidad comienza a ensombrecerse… No abre su juego, no le dice a Fernando todo lo que sabe ni la verdadera razón de su presencia en Conceptos. Con ello, Domenzaín se otorga a sí mismo un poco más de tiempo para navegar con bandera de inocencia y novedad.
(continuará…)

En LFMB hay dos personajes que se desplazan frente a frente: Fernando y Aldo, se mueven hacia Leticia pero con acordes y matices diferentes. Nada está quieto, todo se mueve y la relación entre estos dos hombres cambia constantemente. Sus encuentros son la constatación de esto úlitmo… Aquí unas escenas para recordar,  aquí un resumen desde mi muy particular enfoque sobre la relación de los pretendientes de LFMB. Va en varias partes porque es largo (qué raro dirá quien ya me haya leído antes)… ojalá lo encuentren interesante…

I. GUSTO EN CONOCERTE, LOCO.
El fracaso, la ira, la desesperación, pero sobretodo el vacío del desamor aconsejan a un hombre beber incontrolablemente y conducir frenéticamente. ¿A dónde se dirige? No importa, tan es así que luego de poco más tres horas se sale de la autopista y avanza por la costa, paralelamente al mar. Nada parece poder detenerlo pero encuentra una lancha a media playa y debe frenar de emergencia. Se suspende la carrera frenética. Para y toma un poco más de alcohol. Mira esa lancha que lo ha detenido y se mira a sí mismo. Había comenzado a reclamarle a la lancha el estar ahí y se da cuenta de que el único fuera de lugar es él.
A lo lejos otro hombre sale de entre las olas. Nadaba pero suspende la actividad para mirar la escena. Se divierte con el cuadro, estuvieron a punto de averiarle la lancha (porque es suya) pero eso de ver a un cuate con su convertible a media playa, un tipo que además parece hablar solo le resulta sumamente divertido. El primer hombre ni se percata del otro, pero el segundo llama al primero “loco”.
Este encuentro es más para el público que para los personajes. No hay necesidad de que se hablen, los dos convergen en un mismo punto sin planearlo y, a partir de ahí, serán inseparables el resto de la historia.
El encuentro Fernando-Aldo no es sólo de forma, también tiene cosas interesantes de fondo. Fernando estaba incontrolable, llevaba mucho tiempo así en lo profesional y en lo personal, se fue llenando de equívocos en una avalancha en apariencia imparable. Este alto obligado por la lancha puede ser visto como la constatación y la premonición de otros altos: profesionalmente está acabado (cuando menos hasta ese momento); esa será la última borrachera de su vida, a partir de ahí verá la necesidad de detenerse y rectificar; y dejará de ser para Leticia la luz de su vida.
Aldo, por su parte, comienza como espectador de la vida de Leticia y de Fernando. Está en la lejanía, mirando y hasta divirtiéndose un poco con todo aquello. De momento tiene el papel de consejero, de apoyo para Leticia… pero no por eso es ajeno del todo. Con su sola presencia ya está interviniendo y cambiando el rumbo de la historia.

II. BIENVENIDO A MEXICO D.F., DOMENZAIN.
Aldo se ha despedido de Leticia a las puertas de Conceptos. La mira alejarse corriendo y se acuerda que no le pidió su teléfono, como está concentrado en eso no ve para dónde camina ni por dónde. Un claxon lo detiene. Estaba en pleno arroyo y ese vehículo necesitaba entrar al estacionamiento de la empresa.
Aldo se asusta y voltea, debe hacerse a un lado pues ahora es él quien está fuera de lugar. El conductor le dice que los señores no deben andar por ahí, que ese camino es para los autos y tiene razón. El coche en cuestión es el de Fernando quien encuentra divertido el asunto y por eso se dirige al desconocido en tono jocoso. Se saludan y él entra sin mayores contratiempos a la empresa. Solo puede pensar en que verá a Lety de nuevo.
Aldo recuerda haber visto antes ese auto y se divierte al ver que “el loco de Acapulco” trabaja donde Leticia. Hasta esta parte de la historia Domenzaín ha mostrado mayormente lucidez y templanza. Esa lucidez es la que le permite reconocer en parte a Fernando pero también le permite encontrar una manera de entrar a la empresa independientemente de su relación con Leticia. El vehículo será Luigi y con su presencia ahí frenará nuevamente a Fernando pues le impedirá contundentemente acercarse a Lety. De nuevo forma es fondo.

(continuará)

Muchas cosas se pueden decir del final de La Fea… la Lety que perdimos irremediablemante, el apresuramiento de las anéctodas, todo lo que quedó inconcluso o sin responder, lo poco que disfrutamos de la felicidad mutua de la pareja protagónica, la ‘canonización’ de Aldo, etc., etc., pero a mi me gustaría rescatar un punto que marca un gran contraste entre la visión telenovelera de Gaytán y la visión Televisa de los melodramas seriados: la cotidianeidad.
¿Cuánto trabajaron los involucrados en Conceptos durante la última semana y el largo capítulo final? Salvo Luigi que filmaba la campaña para el DIF Monterrey y las juntas con los accionistas y directivos luego de las cuales todos se retiraban a medio resolver sus asuntos sentimentales, ni las secretarias hicieron una sola llamada de trabajo. Nada. Está bien que acaban de pagar la deuda y que la cosa se ha recompuesto pero Conceptos sólo sirve de escenografía a un grupo de personajes que hacen de todo menos trabajar. Si la empresa siguiera así, el mes que entra anunciarían de nuevo la bancarrota.

Gaytán propuso una historia de empresa. No hay lugar en ocasiones más monótono que una oficina, espacio cerrado donde lo cotidiano llega hasta a aburrir. Es un lugar donde has de convivir con gente extraña, a la que tú no escoges y con la que además TIENES que resolver problemas que ni tuyos son. Pero la oficina y las empresas se construyen con gente que aprende a salir adelante junta a pesar de caerse bien o no tolerarse; a pesar de las largas jornadas que agotan; a pesar de comprenderse y ayudarse o de entramparse y obstaculizar al de al lado. Finalmente todos están en ese barco y todos triunfan o fracasan según resulten las cosas.
La oficina se hace de la gente pero quien lleva la batuta es el trabajo mismo. Los clientes, las negociaciones exitosas o fallidas, la resolución de problemas financieros, etc., etc., sin eso los empleados y hasta los mismos ejecutivos no tendrían en qué entretenerse, ni de qué quejarse, ni tendrían roces entre ellos, tampoco tomarían decisiones correctas o incorrectas, ni encontrarían en sus escritorios retos por vencer…  Si uno mira ‘Betty, la fea’, Ecomoda lleva la batuta, sin sus revoluciones los personajes no respirarían siquiera. Todo está absolutamente empapado de lo laboral pero es esa omnipresencia la que lleva a los personajes a darnos emociones capítulo a capítulo. Si Armando no hubiera sido irresponsable con la propuesta de metas para su gestión, no se habría metido en transacciones imposibles ni hubiera acabado embargando la empresa. En Conceptos todo comienza igual y si Leticia no hubiera descubierto la carta de Omar, no habría hecho a Fernando firmar más pagarés de los necesarios, ni tampoco le habría gritado a Marcia cuando ella amenaza con sacarla “a patadas” de la empresa; mucho menos habría informado al Comité de la situación real de la casa productora con las consecuencias que ello traería al rumbo de la trama pero sobre todo, de Conceptos.

Esto fue algo de lo que se comenzó a diluir a raíz de Acapulco (de nuevo Acapulco ¿verdad?). Conforme los argumentistas se fueron desprendiendo de la historia de Gaytán la empresa comenzó a irse poco a poco a un segundo plano hasta llegar a los capítulos finales donde hubo muchas cosas: autopista, motos, patrullas, un panteón, un avión, pero de Conceptos, nada. O casi nada. Es cierto que el talento del escritor original reside en buena medida en entramar los sucesos de la manera en que lo hizo y en rescatar dentro de un mundo empresarial el cariz melodramático necesario para mantener el interés de la audiencia, y es cierto también que nadie podrá igualarlo pero, de eso a llegar al punto en el cual la oficina de  presidencia sirve para que los dos pretendientes de la protagonista discutan y se peleen interminablemente… hay mucha distancia.
Y lo que es más, parte de las razones de que la emotividad se fuera diluyendo, tienen que ver con que los personajes dejaran de actuar como personas en una empresa, como empleados y  ejecutivos de una casa productora. En que dejaron de lado sus historias cotidianas para contarnos sólo los sucesos “importantes” de su vida. ¿Ejemplos? El primero: ¿Qué pasó con la nueva actitud de Martha hacia la comida? Supimos que entró a un grupo de ayuda y que encontró las razones psicológicas por las cuales se refugiaba en comer pero ¿qué hay de la lucha diaria por llevar una dieta sana en verdad? ¿Es que una persona que lleva la vida entera comiendo desordenadamente cambia de hábitos de un día para otro? ¿No merecía mención su constancia y su fuerza de voluntad? Sólo Fernando hace alusión a que se ve más delgada aunque ¿no deberían ser sus amigas del alma quienes reconocieran junto con ella los resultados de este cambio sustancial en su forma de vivir?
Otro caso, Paula María y Simon. ¿Apoco todo termina con el casorio? Las cosas apenas empiezan y más para una pareja donde no se integran dos sino tres pues ella ya tiene un hijo no tan pequeño. ¿No era interesante saber cómo se fueron adaptando tanto en la casa como en el empleo con la nueva situación de Simon?
Otro más, Carolina. Habiendo aceptado a Omar nos los pusieron en pantalla en todos lados juntos y muy contentos pero, ¿es que iniciar una vida nueva de pareja es tan sencillo? Ella era una mujer independiente, con su propio negocio, con una agenda apretadísima de trabajo que sólo estaba en Conceptos para lo indispensable y Omar, por su parte, un tipo con hábitos de hombre solo el cual no da cuentas y decide sólo para sí. ¿Es que conciliar dos vidas así es algo que se logra en un abrir y cerrar de ojos como apareció en estos últimos capítulos de LFMB?
Y por último Luigi. A mi me pareció sumamente interesante en encuentro con su papá. Igual y su nombre verdadero es Luis López Hernández o algo así (ja…ja…ja). Presentarnos los entretelones de una persona que ha enmascarado como su pasado de esa manera tan descomunal y que ha buscado enterrarlo hasta que le estalla en la cara… merecía más tiempo en pantalla. Verlo integrar a sus padres con su trabajo, con el universo creado por él mismo dentro y fuera de Conceptos… Además, esta subtrama sí estaba en sintonía con esa idea primaria de Gaytán de construir el humor al desmantelar las vanidades y las pretensiones más caras de los personajes.