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Posts Tagged ‘Juan del Diablo’

He mirado y re-mirado los primeros cuarenta  y cinco episodios de la telenovela llamada Corazón Salvaje actualmente producida por Televisa; y sólo encuentro que toda la emotividad con la cual tengo grabado ese nombre en mi memoria no puede recrearse ante esta historia televisada. Ni los paneos de cámara, ni ese enorme esfuerzo de envolver a los personajes principales entre efectos espectaculares, ni las amplísimas tomas aéreas, ni los encajes con los cuales adornan los vestidos de las actrices, ni el ritmo escénico o los desplazamientos de los actores en escena han logrado “atraparme”.
¿Es que una historia con nombre Corazón Salvaje debe tener ese efecto en nosotros, los espectadores? Creo que sí. Luego de haber escuchado parte de la radionovela de hace tantos años, de haber visto una película y dos de sus versiones televisivas, eso era algo que, por mi parte, esperaba.
Al escuchar enmedio de la noche las palabras con las cuales Juan del Diablo y aquel volcán podían ser equiparados, al imaginar cuántas similitudes con la naturaleza tiene un hombre y cuán dentro se puede llevar el latir de la Tierra con tal sólo seguir casi sin respiro el sonido proveniente de mi aparato de radio; pude abstraerme de mi realidad y transportarme a otra muy distinta. Traté presenciar en primera fila cómo pudo haberse visto y sentido un Juan del Diablo en erupción, o aquella Mónica al mirar el mundo con ojos nuevos, recién nacidos a la luz de aquel amor inimaginado; o cómo pudo haber vivido una a una las realidades a las cuales Renato era ajeno y a las que hubo de despertar casi a la fuerza; y ensayar cómo podía sentir esa Aimée derrochadora y capaz de tanto sin escrúpulo alguno…
Y hay más. Me recuerdo en vilo cuando Mónica, interpretada por Angélica María, casi moría al creer muerto a Juan. el único y verdadero amor posible para ella… También tengo muy presente toda la versión de 1993 donde en cada capítulo podíamos desplegar un cúmulo de emociones, de sentires, de tensiones logradas por un libreto tejido magistralmente y con plena conciencia de estar dibujando otra época, tal vez muy  lejana, con resortes muy distintos a los de hoy día pero que, si resultaban bien manejados, podían mantenernos noche a noche al pendiente de cada acción y hasta de cada silencio de Juan, de los dilemas de Mónica, de las insensateces de Aimée, del poco carácter de Andrés y hasta de la implacable Sofía, la necia Catalina y todos y cada uno de los actos de Don Noel Mancera.

Apenas describo una pequeña parte de todo cuanto me ha parecido memorable en Corazón Salvaje. Gracias a esta historia busqué todo cuanto pude de Caridad Bravo Adams, su autora, traté de conocer otras de sus historias y me admiré de ese talento con el cual ella era capaz de dibujar y profundizar tanto en sus personajes como en las tramas en las cuales los hacía desenvolverse… Cuando vi los promocionales de la versión actual de esta historia no alcancé a ver mucho de lo que aquel nombre me evocaba, sin embargo, traté de mirarla sin prejuicios y, luego de casi cincuenta episodios, puedo decir que no logro emocionarme como esperaba hacerlo.
Hay muchas razones por las cuales no puedo identificarme del todo con esta versión. Por una parte, la trama tal y cual está planteada contiene muchas contradicciones de fondo en los personajes, contradicciones insalvables y las cuales les quitan fuerza tanto a ellos como a la historia. Como lo recuerdo, Juan del Diablo era un “Don Nadie” quien no mendigaba ni buscaba que los ricos y poderosos le reconocieran nada. Para él, los encumbrados no eran sino una casta podrida envuelta en trapos hermosos, no había sino que relacionarse un poco con ellos para contagiarse de sus miserias. Y él era todo lo contrario a esos miserables, se enorgullecía de no pertenecer a ellos y no pretendía ser parte de sus círculos, ni lucir un apellido por más que “le tocara”. Desde el 12 de octubre de 2009 estamos frente a un Juan quien fue despojado de todo y está buscando una venganza la cual incluye el que le sea dado aquel nombre negado para él. Busca el ser reconocido y respetado entre los personajes más importantes de su lugar de origen cuando ellos mismos no son respetables o son tan malvados que no merecen ni la vida de la cual gozan. ¿Es un apellido la paga por el sufrimiento derivado del destierro a ultranza? ¿Es el reconocimiento social y el respeto por parte de quienes se dicen respetables capaz de curar las heridas del desprecio y del abandono? ¿Es sólo hasta que “todos” aceptan que fueron injustos contigo que puedes declarar las deudas saldadas? ¿O quedarte con sus fortunas puede proporcionarte la felicidad?

En cuanto a la protagonista puedo decir que cuesta mucho trabajo recrear aquella rivalidad entre las dos hermanas pues cada una de ellas planteaba una postura completamente distinta ante la vida, antagónica, podría decirse. Sin embargo, es difícil mirar esos contrastes cuando quien interpreta no lleva al extremo el distanciamiento entre los dos personajes. Mónica y Aimée son mucho más que dos mujeres con cabelleras y ropas de color distinto, ambas tienen un corazón y un alma completamente diferentes; pueden sentir lo mismo pero la forma de expresarlo es completamente opuesta. Palabras como amor, deseo, deber, sentimiento, amante, juramento, Dios, familia, entrega entre otras; tienen significados completamente distintos en cada una de ellas y eso no puedo verlo en pantalla. ¿Es que para las mujeres “el hábito sí hace a la monja”? ¿Mónica y Aimée son como gotas de agua y sólo son la ropa, ciertos ademanes y la forma de involucrarse con los hombres de la trama lo que hace la diferencia? ¿Es que las mujeres podemos identificar ciertos rasgos nuestros en alguna de las dos o son apenas caricaturas de las mujeres de “carne y hueso”?

Hasta aquí con algunas preguntas en cuanto a los trasfondos de la trama. Tal vez alguna amable lectora o lector puedan ayudarme a darles respuesta.

Por otra parte, también hay detalles de forma capaces de provocar una completa desconcentración. Recuerdo unos zapatos completamente fuera de época, un resorte mal colocado en la barbilla de la protagonista o una taza de porcelana en la cual se puede leer la marca de la fábrica en la cual se produce actualmente; toparse con eso hace a uno dejar de seguir la historia y pensar cómo una producción de “época” puede ser tan difícil de sostener. A cada momento “saltan” indicios de que estoy mirando una ficción y no me permiten quedar atrapada en ella, fascinarme con sus personajes, esperar con ansia el siguiente episodio. La principal virtud de las ficciones bien hechas es precísamente el hacernos olvidar que lo son, todo parece ser tan real que llegamos a creerlo posible…

Puede ser cuestión de gustos, puede ser que a mi no me satisfaga esta propuesta porque me gustaría algo más apegado a la historia original pero, soy libre de expresar mi punto de vista y por este medio lo externo, tal vez encuentre quien comparta algunos puntos; tal vez encuentre quien sea capaz de rebatir mis argumentos. Sea que existan respuestas o no, este espacio está abierto para el enriquecimiento y la retroalimentación; sirva Corazón Salvaje, aquella viva en todo quien pase por este texto, como punto de reunión de aquellos amantes de las ficciones, televisadas, escritas, pintadas o filmadas para cine.

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